Ideas para una Zaragoza que piense más y pose mejor
Cultura culinaria, grandes escenarios musicales y vino con relato para invertir 1.039 millones con visión de futuro

Zaragoza
PP y Vox han aprobado conjuntamente el presupuesto municipal de Zaragoza. Son 1.039 millones de euros. Hay perricas. Y cuando hay presupuesto, además de ejecutar partidas, conviene imaginar ciudad. Pensarla. Afinarla. Darle dirección. Si el objetivo es que Zaragoza luzca, crezca y florezca, quizá el camino no sea más postal y más Instagram, sino más identidad y más relato. Enrique Barrado, nuestro experto en gastro y turismo, nos trae unas cuántas ideas al Degusta Aragón para degustar mejor la capital.
Zaragoza cocina (y convive)
Vivir en una ciudad donde las raíces romana, musulmana, judía y cristiana siguen siendo visibles es un privilegio histórico… y gastronómico. Puede que muchos cocineros no identifiquen de forma consciente esas influencias en su cocina diaria, pero están ahí: en las especias, en las técnicas, en la repostería, en el gusto por determinadas hierbas o combinaciones.
Explorar ese legado culinario, estudiarlo, actualizarlo y ofrecerlo al visitante sería una apuesta de valor diferencial. Adentrarse en recetarios antiguos es descubrir que elaboraciones actuales tienen dos mil años de historia. Somos herederos de Marco Gavio Apicio, del refinamiento cortesano de Ziryab, y, por supuesto, de la codificación moderna de Auguste Escoffier. Todo eso también es Zaragoza.
Pero además está el presente. Hoy la ciudad es ternasco y es cous cous. Es ajiaco y arepa. Es baodu pekinés y sukiyaki. Es kebab, hummus y tamal. El vapor de esos platos define la atmósfera culinaria zaragozana actual. Esa convivencia real, no impostada, es una oportunidad estratégica: convertir la diversidad gastronómica en relato cultural y turístico.
Zaragoza suena (y podría cantar ópera)
Una ciudad entra en el mapa mundial cuando las grandes estrellas quieren tocar en ella. Zaragoza ha recibido a los Rolling Stones, Madonna o Michael Jackson. En el ámbito clásico, por su Auditorio han pasado las grandes filarmónicas europeas y estadounidenses y figuras como Cecilia Bartoli o Lang Lang. El Auditorio de Zaragoza está considerado una de las mejores salas del mundo.
Todo eso es turismo cultural de alto nivel. Pero cabe un sueño estratégico: un teatro de ópera estable. La ópera no es solo música; es escena, arquitectura, experiencia, público viajero. Es posicionamiento internacional sostenido. Es atraer un perfil de visitante específico que planifica viajes en torno a temporadas líricas. Si Zaragoza quiere jugar en otra liga cultural, este sería un movimiento audaz.
Zaragoza se bebe (y se cuenta)
Hubo intentos fallidos, como aquel Festival Internacional de la Garnacha que pasó sin dejar huella. Quizá el error fue pensar en evento y no en estructura permanente.
En Lisboa, bajo los soportales de la Praça do Comércio, existe un espacio estable donde degustar los vinos de las denominaciones portuguesas. Una embajada líquida del territorio.
En la plaza del Pilar hay locales vacíos. ¿Por qué no crear allí un centro permanente de las denominaciones de origen aragonesas? Un espacio donde catar, aprender y comprender el vino como cultura. Las DO aragonesas reunidas en un solo lugar. Marketing elegante, sostenido y con retorno. Porque quien bebe vino hoy busca menos alcohol y más relato. Éxito asegurado.
Un premio que habla de territorio
En esa misma línea de entender la gastronomía como cultura, la Academia Aragonesa de Gastronomía ha entregado el Premio “Antonio Beltrán Martínez” a José Miguel Martínez Urtasun. El acto se celebró en el Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y reconoció una trayectoria dedicada a convertir el periodismo gastronómico en análisis cultural e histórico.
El galardón lleva el nombre de Antonio Beltrán Martínez, fundador de la Academia, y premia precisamente esa mirada que entiende la gastronomía como historia, territorio y conocimiento.
Tal vez por ahí vaya también la hoja de ruta municipal: menos ocurrencia efímera y más estructura cultural. Menos escaparate y más identidad. Porque una ciudad que sabe lo que cocina, lo que suena en sus escenarios y lo que sirve en sus copas no solo luce: permanece.
Llega la Cincomarzada
Y en esa Zaragoza que piensa su identidad cultural también late la fiesta popular. Este próximo 5 de marzo, como cada año, los zaragozanos tomarán calles y parques, especialmente el parque del Tío Jorge, donde se prepararán ranchos y carnes asadas y no faltarán pasacalles, verbenas, conciertos y animación callejera. Entre rancho y rancho, además, conviene detenerse en la imagen que representará la jornada: la Cincomarzada 2026 ya tiene cartel. El I Concurso del Cartel anunciador ha elegido, entre 31 propuestas, la obra de la artista Christina Healy. Bajo el lema Para vivir, vivienda, la ilustración representa un barrio solidario y diverso, donde personas de distintas culturas, edades y capacidades trabajan juntas por el bien común. El cabezudo, el gaitero con gaita de boto aragonesa, la parada de autobús convertida en icono urbano, un joven en silla de ruedas con pancarta o el símbolo de la marea verde educativa componen una escena reivindicativa pero luminosa, festiva y reconocible. Healy, nacida en Nueva York y residente en Zaragoza desde 2009, formada en Historia del Arte y Bellas Artes, trabaja como ilustradora desde Holyoke Studio. Busquen el cartel cuando lo publiquemos en la web y empiecen a degustar, aunque sea simbólicamente, la Cincomarzada del próximo jueves.

Cartel de la Cincomarzada

Cartel de la Cincomarzada




