Sociedad

Cesaraugusto estrena imagen, pero la reforma deja dudas

La avenida recupera la actividad mientras los vecinos cuestionan la iluminación y el comercio exige apoyos más ágiles

Apertura Cesaraugusto

Zaragoza

La avenida César Augusto de Zaragoza volvió a abrir al tráfico el pasado miércoles, tras 16 meses de obras iniciadas en noviembre de 2024. La reapertura ha coincidido con el puente festivo, lo que ha hecho que muchos ciudadanos apenas hayan podido aún transitar por la renovada vía. Aunque la circulación y el paso de peatones ya se han normalizado, las máquinas continúan trabajando en distintos puntos, especialmente en el entorno de la iglesia de Santiago.

Desde la confluencia de Conde Aranda con César Augusto, vecinos y comerciantes han valorado de forma desigual el resultado de los trabajos. Javier Magen, representante de la Plataforma de Afectados del Gancho y Pignatelli, considera que la reforma “no ha alcanzado del todo” el objetivo de modernizar y hacer más amable el entorno, y alerta de que la iluminación actual “deja muchas calles en penumbra”. Según explica, han trasladado varias quejas al Ayuntamiento y se han reunido con responsables del área de alumbrado. Las luminarias son regulables, pero su aumento de intensidad requiere autorización europea, un procedimiento que desconocen cuánto tardará. "Calles como Conde Aranda, San Pablo o Las Armas han perdido luz respecto a otras como Santa Inés. Y en un barrio donde la iluminación es clave para la seguridad, esto nos preocupa mucho”, afirma. También señala que la comisaría habilitada en Pignatelli apenas ha supuesto refuerzo real, al operar con horario limitado y escaso personal.

Para los comerciantes, la reapertura es un respiro. Rafa Gracia, presidente del colectivo de comerciantes de Conde Aranda, confirma que el retorno de los autobuses —cuatro líneas atraviesan la vía— es fundamental para recuperar la actividad. Sin embargo, asegura que el año y cuatro meses de cortes y desvíos han sido “muy duros”. Gracia coincide en que la falta de iluminación durante los cambios horarios de invierno y verano provoca momentos de oscuridad que afectan a la seguridad y al tránsito de clientes. “A veces el Coso ya está iluminado y Conde Aranda aún no. Ese desfase se nota mucho”, explica.

El Ayuntamiento habilitó un programa de ayudas para compensar la caída de ingresos durante la obra, pero los comerciantes lamentan que llegaron “tarde”, en algunos casos a finales de diciembre, cuando el impacto económico ya estaba consolidado. Además, algunos negocios siguen sin poder solicitar la compensación del último trimestre del año pasado porque, según indican, la plataforma no está aún habilitada.

Aunque la avenida ya está abierta al tráfico, quedan por completar aceras, remates y la plantación de nuevos árboles. Los vecinos señalan que los ejemplares colocados —todavía de pequeño tamaño por la época del año— tardarán “al menos diez años” en aportar sombra como los anteriores.

Tras casi año y medio de afecciones al tráfico y a la actividad comercial, tanto vecinos como comerciantes coinciden en un mensaje: necesitan un periodo de estabilidad sin nuevas obras, mayor seguridad y una mejora urgente en el alumbrado. Mientras tanto, la ciudad sigue adaptándose a una de las transformaciones urbanas más importantes de su centro histórico reciente.