La gestión del plástico marca la diferencia: por qué algunos países contaminan más que otros
Un análisis revela que mejorar las infraestructuras de residuos en países de renta baja reduciría hasta un 98% la contaminación por plásticos

Zaragoza
Uno de los mayores desafíos ambientales del planeta es la crisis global del plástico. Aunque este material es esencial en numerosos sectores, su gestión inadecuada lo convierte en uno de los contaminantes más persistentes y dañinos para los ecosistemas. La clave, no es el plástico en sí, sino la infraestructura que permite evitar que termine en la naturaleza. Guillermo Orduña, especialista en medio ambiente, ofrece algunos datos que califica de “reveladores” y que ponen de manifiesto la desigual responsabilidad de los países en la contaminación mundial. La estadística más contundente: de cada 5 kilos de residuos plásticos que producimos, 1 acaba contaminando el medio ambiente.
Un problema global con dos realidades opuestas
Actualmente, existe una brecha enorme entre países que cuentan con sistemas sólidos de recogida y tratamiento de residuos y aquellos que apenas tienen infraestructura. Paradójicamente, los países más desarrollados —como España, Alemania o Estados Unidos— son los mayores consumidores de plástico, con una media de 63 kilos por persona al año. Sin embargo, menos de un kilo per cápita termina en la naturaleza gracias a sus sistemas avanzados de gestión.
El contraste es rotundo con los países de renta baja, donde el consumo medio apenas llega a 10 kilos por persona. Aun así, en muchos de ellos la mayor parte de esos residuos acaba sin tratamiento, en vertederos abiertos o directamente en el entorno natural debido a la ausencia de sistemas adecuados de recogida.
Orduña explica que “no es una cuestión de concienciación individual: si no hay camiones de basura, ni puntos de recogida, ni plantas de tratamiento, la población no tiene alternativa. En estos casos, la basura se quema o se acumula, con graves consecuencias para la salud y el medio ambiente”.
Una inversión con retorno de 25.000 dólares por cada dólar invertido
Uno de los datos más impactantes procede de estudios internacionales recientes: por cada dólar invertido en mejorar las infraestructuras de gestión de residuos en países de renta baja, el beneficio global estimado supera los 25.000 dólares. Esto se debe a la enorme reducción de contaminación que se lograría en regiones donde la falta de infraestructuras convierte cada residuo plástico en un riesgo ambiental. Según estos análisis, una inversión sostenida permitiría reducir hasta un 98% la entrada de plásticos en la naturaleza.
Aunque mejorar la infraestructura en países vulnerables es una respuesta urgente, Orduña advierte que el problema del plástico no termina cuando se impide que llegue a la naturaleza. Queda por resolver qué hacer con la enorme cantidad de plástico que ya se utiliza en todo el mundo. El reto, explica, pasa por tres líneas:
- Diseñar materiales más duraderos y reciclables, evitando productos de un solo uso cuando existen alternativas.
- Reutilizar y recuperar los plásticos existentes para no depender continuamente de combustibles fósiles.
- Aplicar principios de economía circular, de forma que cada producto pueda tener varias vidas útiles sin convertirse en un residuo prematuro.
El debate ya ha llegado a la esfera internacional. Existe un acuerdo global pendiente de firma, impulsado durante cinco años por la Fundación Ellen MacArthur, que busca reducir de forma definitiva el consumo global de plásticos. La propuesta pretende que todos los países adopten compromisos vinculantes tanto en reducción de plásticos como en sistemas de recogida y tratamiento.
El plástico no es el enemigo: la mala gestión sí
Y es que el plástico, por sí mismo, no es el problema; el problema es lo que hacemos con él. Desde las botellas con tapones unidos para evitar pérdidas en el transporte, hasta la eliminación de pajitas de plástico o el avance de alternativas como la fibra vegetal o el papel en algunos productos, los cambios son visibles. Pero la gran asignatura pendiente sigue siendo global.
Porque la contaminación por plástico no entiende de fronteras: lo que no se gestiona en un país termina afectando a todos.




