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«¡Vamos abuelo!» : Joaquín Lahoz conquista la Rompida de Calanda con sus nietos como guardianes y Resines como invitado de honor

Rompida de la hora en Calanda

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Calanda

“¡Vamos abuelo!”, “Abuelo, por aquí”, “Está emocionado”…. Son las frases que tres pequeños calandinos repetían constantemente este Viernes Santo. Y es que no podía ser de otra forma: Joaquín Lahoz ha roto la Hora junto al actor Antonio Resines y acompañado de 3 de sus nietos, sus guardianes, casi guardaespaldas, y quienes no se han despegado de él ni un segundo.

Instantes antes del estruendo, mientras las autoridades, la prensa, e incluso varios de los vecinos no perdían detalle de lo que hacía Resines, para los nietos de Lahoz no existía nadie más que el. Se les podía ver siempre a su lado, vigilantes, mientras Joaquín hablaba con todo aquel que quería felicitarle por tener este año el honor de Romper la Hora. Aunque la conversación pronto dejaba de girar en torno a él. El calandino, más bien conocido como 'El Manzanas', no tardaba en presentar a sus nietos: “este chico tiene uno de los mejores tambores del pueblo” o “sí, hoy no puedo estar mejor acompañado” fueron algunas de sus frases.

Al rompedor local se le veía nervioso, emocionado; pero la gracia ocurrente que le caracteriza salió a relucir en más de una ocasión. Tanto, que minutos antes de Romper la Hora, quizás el momento más importante del año para Calanda, Joaquín sacaba los nervios fuera hablando de huevos fritos. “Te voy a invitar a mi nave para que pruebes el mejor plato de huevos fritos de tu vida”, le decía a un periodista. La invitación incluso le llegó también al propio Resines. “Se lo he dicho, ¡pero él solo me ha dicho que cuántos nietos tengo!...Y eso que falta uno aquí”, contaba entre risas Lahoz.

En el interior del Ayuntamiento también estaban otras figuras que no perdían detalle como Antonio Royo, quien este año descontaba por última vez los minutos previos a los primeros toques en el Bombo Grande. “Siempre intento contener mis emociones, pero hay días que es más complicado, como hoy”, reconoció. Y la sensación era compartida. “Mi abuelo me ha dicho que solo ha llorado dos días en su vida, el de su boda, y hoy”, contaba Sofía, una de las nietas de Joaquín.

En cuanto a su idea de Romper la Hora juntos, tenían dudas de si podrían hacerlo. Pero aún así, ellos querían estar ahí aunque sea de forma previa y en el pasillo que se abre entre la marea morada, solo por acompañar a su abuelo, quien les ha enseñado todo lo que saben del tambor. Ligado a la Cofradía Cristo Crucificado, ha sido el maestro de decenas de generaciones de tamborileros y por eso este año era protagonista.

Cuando quedaban poco más de cinco minutos para cruzar la plaza los nervios afloraban con fuerza, pero los tres guardianes de Joaquín estaban allí para darle ánimos: “¡Venga abuelo, que ya queda menos!”. En ese entonces, el gentío también aprovechaba para tomarse las fotos de rigor. Resines posó casi de forma infinita, en algunas con su ya amigo rompedor local: “Venga, que se pongan también tus nietos”. El actor incluso atendió a un fan que se asomaba insistente a la puerta del Ayuntamiento. Pero cuando llegaba la hora de la verdad, se centró en resolver dudas y para ello estaba allí el alcalde de Calanda, Alberto Herrero. Pese a estar enfrentándose a una dolencia médica, no podía perderse este día. “Tú no te preocupes Antonio”, le decía al actor.

Fuera, en una mañana donde el cierzo del Jueves Santo parecía dar tregua, los calandinos esperaban expectantes. A la hora de la verdad, primero salió el Bombo Grande, y después los protagonistas. Entre la multitud, pequeños gritos de ánimo, alegría, emoción. Palillos arriba saludando. Y una vez en el bombo, apenas había hueco disponible, pero Joaquín y sus nietos no se separaron pese a la grandísima cantidad de fotógrafos alrededor. Resines, en plena cuenta atrás, gritó:“¡a ver esos balcones!”, y entre las risas también hubo quien le mandó a callar. Los segundos parecían horas, pero después de la última cuenta atrás de Royo, y la vara levantada de Herrero, el estruendo llegó, eso sí, unos pocos instantes antes de las 12.00.

Y lo que se vivió se puede resumir fácilmente. Cuando le preguntaron al invitado de este año cómo había ido, Resines dijo dos cosas: primero, “acojonante”, y después, “me han invitado muchos años, no se por qué no he venido a vivirlo antes”. Porque sí, para entenderlo, por mucho que la gente lo intente explicar, hay que vivirlo porque lo que ocurre en Calanda a partir de las 12.00 no se puede resumir en palabras.

 

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