Aragón pasa del verano al invierno en horas: este es el impacto de la meteorosensibilidad en la salud
Los cambios bruscos de temperatura que se están registrando de hasta 20 grados de diferencia impactan en la salud y obligan al organismo a autorregularse. Migrañas, cambios de tensión y dolor muscular entre los efectos

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Zaragoza
Cinco o seis días con calor casi veraniego y, en solo cuestión de horas, vuelta a temperaturas propias del invierno en muchos puntos de Aragón. Un fenómeno que afecta directamente a la salud y que tiene ya nombre: meteorosensibilidad. Por eso, conviene prepararse para estos cambios bruscos del termómetro.
Para entender cómo responde el organismo, hemos consultado con un médico de familia. No es fácil adaptarse a una fuerte subida de las temperaturas en pleno mes de abril, pero ahora la meteorología obliga a dar marcha atrás y regresar a un ambiente frío e invernal, con nieve incluso en puntos de montaña.
Ángel Jimeno, médico de familia del Centro de Salud de San Pablo de Zaragoza, explica qué es lo que ocurre en el cuerpo humano: “Se adapta a través de lo que llamamos el sistema nervioso autónomo, que tiene que adaptar la tensión. Si hace, por ejemplo, un frío brusco, eso provoca vasoconstricción y sube la tensión. Si de repente hace mucho calor, eso produce vasodilatación y entonces baja la tensión. El cuerpo se va adaptando, pero si los cambios son muy intensos o se trata de personas muy vulnerables, pueden aparecer molestias”.
¿Y cuáles son los principales síntomas? Según señala el médico, el paso brusco del calor al frío puede desencadenar cefaleas e incluso migrañas. También pueden aparecer dolores musculares y articulares, en parte por el descenso de la presión barométrica. A esto se suman las alteraciones de la tensión arterial, que normalmente no son significativas, pero que en algunas personas pueden provocar mareos o fatiga, debido al esfuerzo que realiza el cuerpo para adaptarse.
Se trata, en general, de síntomas que se pueden sobrellevar, pero que tienen un mayor impacto en pacientes con enfermedades crónicas. Ante esta situación, ¿qué se puede hacer? Ángel Jimeno lo tiene claro: “Lo más básico es la hidratación constante. Si se pasa a un calor brusco, beber agua ayuda a compensar la pérdida de líquidos por la sudoración. Si hay un frío brusco, las infusiones calientes pueden ayudar a mantener la temperatura. También es importante controlar la humedad ambiental y evitar esfuerzos importantes en situaciones de cambios bruscos de temperatura”.




