Sociedad

La 6ª edición de Redoladas Huesca Rural arranca con música, paisaje y conciencia climática

Comenzaba con 'El llanto del glaciar', una propuesta que sitúa la música que surge del amor a las montañas en el epicentro de una experiencia expandida donde imagen, cuerpo y territorio se entrelazan

Actuación en Redoladas Huesca Rural

Huesca

El ciclo Redoladas Huesca Rural ha dado comienzo a su sexta edición en el CDAN, Centro de Arte y Naturaleza de Huesca, con El llanto del glaciar, una propuesta que sitúa la música que surge del amor a las montañas en el epicentro de una experiencia expandida donde imagen, cuerpo y territorio se entrelazan.

El llanto del glaciar es un proyecto colaborativo entre artistas de diferentes puntos del planeta que reúne música, danza vertical y creación audiovisual, desarrollado a partir de intervenciones realizadas en algunos de los glaciares más vulnerables del planeta. La propuesta se construye desde registros de actuaciones artísticas llevadas a cabo enclaves como Antisana (Ecuador), Aletsch (Suiza), La Mer de Glace (Francia) o el Cerro Tronador, entre Argentina y Chile, donde cada artista ha intervenido en condiciones reales de alta montaña, situando la práctica artística en relación directa con el paisaje.

La sesión se abrió en el interior del museo con un visionado de las piezas audiovisuales que componen el proyecto, acompañadas con la música en directo de su director, Jordi Mestre. El guitarrista y compositor, gran agitador cultural de escena musical ilerdense, operó desde un registro íntimo, casi microscópico en su construcción. Su trazo limpio y sin artificio, se mueve en las nada convencionales coordenadas entre el acid jazz acústico y el neofolk contemporáneo. En el visionado se pudieron contemplar diferentes grabaciones de sus intervenciones musicales realizadas en algunas de las cimas más conocidas del Pirineo y los Alpes.

El conjunto se movía así entre el folk contemporáneo y ciertas derivas cercanas a una psicodelia de corte orgánico sin perder en ningún momento una coherencia estética muy definida. El Llanto del Glaciar lo componen composiciones concebidas en altura, en condiciones reales de montaña, hay una voluntad clara de situar la música en relación directa con el entorno, como extensión del mismo. El viento, la distancia, la escala del paisaje formaban la quintaesencia en la escucha, generando una textura sonora que escapaba de lo puramente escénico, en el que la arquitectura de Rafael Moneo, el paisaje y el sonido se alinearon en una misma escena, generando un momento único para los asistentes.

En palabras de Pablo Pérez Terré, director de proyectos de Estoesloquehay: “Iniciar Redoladas en el CDAN tiene que ver con reconocer un espacio que lleva años trabajando en la relación entre arte y naturaleza. En ese contexto, la propuesta de El llanto del glaciar encaja de forma muy precisa, porque sitúa la práctica artística en contacto directo con el paisaje y con aquello que está ocurriendo en él.”

Con este arranque, Redoladas Huesca Rural vuelve a activar su recorrido por los márgenes de la ciudad, consolidando un modelo que sitúa la cultura en relación directa con el territorio y las comunidades que lo habitan, entendiendo la creación como un espacio de encuentro y de lectura compartida del presente.

La programación de esta sexta edición se completará en las próximas semanas con otras dos acciones que se darán a conocer próximamente.

Redoladas Huesca Rural cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Huesca, consolidando una línea de trabajo sostenida en el tiempo que refuerza el acceso a la cultura en los entornos rurales del municipio.