Hoy por Hoy Zaragoza
Sociedad

El futuro de Aloy Sala se juega en la vivienda

Inversión urbanística, fondos europeos y miedo a la gentrificación en un barrio marcado por rentas bajas y vivienda envejecida

Hoy Por Hoy Zaragoza y el grupo Aloy Sala

Zaragoza

Una serie española recién estrenada ha devuelto a la actualidad una calle de Zaragoza y un episodio histórico que marcó al país. La ficción nos traslada al año 1981, pocas semanas después del intento de golpe de Estado, y sitúa su acción en la calle Jerónimo Vicens, en el entorno de Aloy Sala, en el barrio de Tenerías. Allí, un grupo de jóvenes zaragozanos planea un “golpe de suerte” que acabará convirtiéndose en uno de los secuestros más conocidos del fútbol español: el de Enrique Castro “Quini”.

En la serie, los protagonistas buscan primero un zulo donde retener a su víctima. El elegido es un sótano de esta calle, reproducido con un notable nivel de detalle. La ambientación ochentera se percibe en el vestuario y en los vehículos, pero los vecinos lo confirman: más allá de los coches, la fisonomía de la calle apenas ha cambiado en más de cuatro décadas.

Hoy, esa misma zona vuelve a ser noticia, no por una ficción televisiva, sino por su incierto futuro urbanístico y social. Más de 700 viviendas, construidas a finales de los años 50 con materiales de baja calidad, albergan desde hace décadas a población con rentas bajas, muchos de ellos pensionistas que han vivido toda su vida en el barrio. A día de hoy, siguen esperando una rehabilitación integral que dé respuesta a problemas estructurales de accesibilidad, humedades y deterioro.

La salida de la empresa Instalaza de la zona y el anuncio de nuevas promociones de vivienda han reabierto viejas inquietudes. Hace aproximadamente un año, la entrada de un grupo inversor que adquirió 323 viviendas encendió las alarmas entre los vecinos ante el riesgo de especulación y el aumento de los alquileres en un barrio especialmente vulnerable.

Hoy por Hoy Zaragoza y Aloy Sala (13/04/26)

Diagnóstico comunitario

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Zaragoza ha puesto en marcha un proceso participativo dentro del proyecto europeo Urbanew, dotado con fondos comunitarios, para diseñar el futuro del entorno de Aloy Sala y Tenerías. El plan incluye actuaciones urbanas por valor de más de 800.000 euros en calles como Pedro Alvarado y Blanco Cordero, con renovación de redes, saneamiento, alumbrado y la creación de una plataforma única que priorice la accesibilidad y el espacio público.

Desde el consistorio se subraya además la voluntad de “mirar al río”, recuperando la relación del barrio con el Ebro, tradicionalmente ignorada pese a su cercanía. Bancos, jardineras, nuevas luminarias y zonas estanciales buscan transformar una imagen urbana marcada durante años por la degradación.

En paralelo, el diagnóstico comunitario ha sacado a la luz la complejidad social del barrio. Viviendas muy envejecidas conviven con promociones más modernas construidas a partir del año 2000 y con equipamientos como el albergue municipal, que genera una intensa movilidad social. Servicios sociales, asociaciones vecinales y residentes han participado en este proceso, del que han surgido cuatro grandes ejes de trabajo: mejora de la calidad de vida, cohesión social y convivencia, rehabilitación urbana e infraestructura verde.

Muchas de las demandas vecinales, como la reapertura del quiosco del parque Bruil o la creación de espacios verdes de encuentro, ya están incluidas en los planes municipales, aunque el ritmo de ejecución sigue generando frustración entre los residentes. “Hay problemas sociales y de vivienda que no pueden esperar diez años”, insisten desde la Asociación Vecinal Parque Bruil–San Agustín.

El temor principal sigue siendo la vivienda. Aunque parte del parque residencial está siendo rehabilitado y se habla de alquileres asequibles, las asociaciones alertan de subidas que duplican o triplican las rentas anteriores cuando vencen los contratos, especialmente entre quienes no disponen de renta antigua. A ello se suma la preocupación por futuras promociones en antiguos suelos industriales, con precios muy alejados de la realidad económica del barrio.

Entre la memoria de un pasado que ahora revive la ficción televisiva y la incertidumbre de un proceso de transformación urbana en marcha, Aloy Sala se enfrenta a un momento decisivo. Los vecinos reclaman que la mejora del barrio no suponga su expulsión y que la regeneración no olvide a quienes llevan décadas sosteniendo la vida cotidiana de estas calles que, hoy, vuelven a estar en primer plano.