Selecciona tu emisora

Ir a la emisora
PerfilDesconecta
Buscar noticias o podcast

Pequeños científicos de Zaragoza miden la calidad del aire en su barrio a través de proyectos europeos de ciencia ciudadana

Alumnado de los colegios Doctor Azúa y Alierta participan en este proyecyto

Zaragoza

Niños y niñas de entre cuatro y diez años de los colegios Doctor Azúa y Alierta participan cada martes en una iniciativa pionera de ciencia ciudadana en Zaragoza. Se trata de un proyecto educativo y familiar en el que los más pequeños aprenden a observar, medir y comprender su entorno a través de experimentos científicos reales, muchos de ellos conectados con programas europeos de investigación.

La actividad, abierta a la participación de las familias, une a ambos centros educativos en sesiones conjuntas en las que el alumnado cruza de un patio a otro para trabajar de forma colaborativa. Juntos, pequeños y mayores proponen temas, diseñan experimentos y buscan cómo sumarse a proyectos abiertos de ciencia ciudadana con impacto local.

Zaragoza cuenta además con un aliado clave para este tipo de iniciativas: la Fundación Ibercivis, referente nacional en la promoción de la ciencia ciudadana y con sede próxima a la Universidad de Zaragoza. Gracias a su labor, durante años ha sido posible que centros educativos de la ciudad participen en proyectos científicos reales. Este curso, los colegios Azúa y Alierta han dado un paso más incorporándose a iniciativas como Detectives Climáticos de la Agencia Espacial Europea (ESA), el Proyecto Sort de la Agencia Marina, o programas vinculados al estudio de la contaminación y su impacto más allá del entorno urbano.

Midiendo el aire que respiramos

Uno de los proyectos más recientes ha consistido en medir la calidad del aire en el entorno de la Romareda, una zona con numerosas obras y una intensa circulación de tráfico. El objetivo era comprobar cómo varía la presencia de partículas en suspensión —uno de los contaminantes más perjudiciales para la salud respiratoria— en distancias muy cortas.

Para ello, los jóvenes científicos construyeron sensores caseros a partir de cuadrículas de papel impregnadas en vaselina, que dejaron expuestas durante una semana en distintos puntos: calles con tráfico intenso, zonas próximas a obras, patios escolares, garajes, parques e incluso en ventanas de sus propias casas. Posteriormente, los resultados se analizaron mediante una aplicación digital y también de forma manual, con lupas y conteo por cuadrículas.

“En las obras de la Romareda y en las rotondas salieron valores muy malos, mientras que en los patios y en casa había muchas menos partículas”, explicaban Bianca y Martín, alumnos de ambos centros. En el parque del Doctor Azúa, por ejemplo, se midieron 15 partículas por millón, frente a las cifras más elevadas registradas en zonas de tráfico intenso.

Resultados claros en distancias muy pequeñas

Uno de los aprendizajes más llamativos fue comprobar que, en un radio de apenas un kilómetro, la calidad del aire puede variar de forma significativa. Las zonas interiores de los patios escolares, alejadas del tráfico, presentaban niveles sensiblemente más bajos de contaminación que las inmediaciones de grandes avenidas.

Los niños y niñas no solo recogieron datos, sino que también formularon hipótesis y reflexionaron sobre posibles soluciones. Algunos apuntaban al uso de la bicicleta o el patinete, otros proponían plantar más árboles para ayudar a filtrar el aire. “Si hay más plantas, el aire estará más limpio”, defendía Jorge, uno de los participantes, demostrando una intuición científica sorprendente para su edad.

Ciencia en familia y con impacto real

La actividad se apoya en herramientas como Mi Aire, un proyecto financiado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), que permite estimar la concentración de partículas a partir de fotografías de los sensores. Además, los resultados obtenidos por los escolares se comparan con los datos oficiales de las estaciones municipales, reforzando la comprensión de la calidad del aire a escala de barrio.

Los impulsores del proyecto subrayan el valor educativo y social de la iniciativa, que une colegios, familias y ciencia en un entorno colaborativo. “Al principio muchos adultos llegan con cierto respeto a mezclar ciencia y niños pequeños, pero poco a poco cada uno encuentra su papel: comunicación, observación, análisis… y acaba siendo una experiencia muy enriquecedora”, explican desde la organización.

Aprender a mirar el mundo de otra forma

Más allá de los datos, el proyecto busca cambiar la manera en la que los más pequeños observan su entorno. Entender que la contaminación no es algo abstracto, que puede medirse y que depende de nuestras decisiones diarias, es uno de los grandes aprendizajes.

“Mi experimento favorito es el del aire limpio y el aire sucio. Y tengo cuatro años”, decía Emma al despedirse, en una frase que resume el espíritu de esta iniciativa: acercar la ciencia a la infancia, despertar la curiosidad y sembrar conciencia ambiental desde edades tempranas.

 

Directo

  • Cadena SER

  •  
Últimos programas

Estás escuchando

Hora 14
Crónica 24/7

1x24: Ser o no Ser

23/08/2024 - 01:38:13

Ir al podcast

Noticias en 3′

  •  
Noticias en 3′
Últimos programas

Otros episodios

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Tu audio se ha acabado.
Te redirigiremos al directo.

5 "

Compartir