Asociaciones de migrantes alertan del caos inicial en la regularización y reclaman más claridad administrativa
Incertidumbre, cansancio y esperanza marcan los primeros días de un proceso que afecta a miles de vecinos

Hoy por Hoy Zaragoza (20/04/26)
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Zaragoza
Las asociaciones de migrantes de Zaragoza afrontan jornadas de máxima intensidad ante el inicio del proceso extraordinario de regularización impulsado por el Gobierno de España. Mamadou Mané, presidente de la Asociación de Senegaleses en Aragón (AISA), y John Jairo Escudero, presidente de la Asociación Latinoamericana para la Integración (ASORAIN), han coincidido en señalar la incertidumbre, la desinformación y las trabas burocráticas como los principales obstáculos en estos primeros días del proceso.
Ambos representantes explican el trabajo que sus asociaciones están realizando para acompañar a cientos de personas migrantes que buscan regularizar su situación administrativa. Un proceso que ha coincidido con largas colas en dependencias municipales y oficinas de atención, visibles desde el pasado fin de semana.
Según datos municipales, la población extranjera representa ya casi el 17% de los habitantes de Zaragoza, frente al 14% de la media estatal. Rumanía, Colombia, Nicaragua, Marruecos, Venezuela y China encabezan los países de origen. En este contexto, las asociaciones se han convertido en un apoyo clave para personas que, en muchos casos, desconocen el idioma o el funcionamiento de la administración.
Redes de apoyo ante la falta de información
Mamadou Mané explica que su asociación ha creado un grupo de WhatsApp con más de 500 personas, en su mayoría jóvenes de origen senegalés, para resolver dudas y acompañarles durante el proceso. “Muchos no hablan bien español y no entienden qué papeles necesitan. Hemos creado este grupo para apoyarles, aunque nosotros tampoco tenemos todas las respuestas”.
La barrera idiomática y la complejidad de la documentación son, según Mané, las principales dificultades. Aun así, destaca el papel de voluntarios y contactos con autoridades del país de origen para facilitar trámites como los certificados de antecedentes penales, que en el caso de Senegal se están gestionando de forma más ágil tras acuerdos específicos.
Por su parte, John Jairo Escudero subraya que, aunque en el caso latinoamericano el idioma no es un obstáculo, la burocracia sí lo es. ASOlLAINT engloba a más de 3.000 personas y estima que al menos 500 necesitan regularizarse de forma inmediata, una cifra que podría duplicarse al incorporar a familias e hijos.
Dudas clave y colapsos administrativos
Ambos dirigentes coinciden en denunciar la falta de instrucciones claras por parte de las administraciones. El certificado de vulnerabilidad, el empadronamiento histórico o la gestión de solicitudes de asilo son algunos de los puntos que generan mayor confusión. “La gente hace colas de horas por miedo a que luego les digan que falta un papel y tengan que volver otro día”, dice Escudero.
Las asociaciones alertan también de problemas prácticos, como solicitantes que acuden con la documentación en formato digital cuando se exige en papel, o personas en proceso de asilo político que no saben si deben iniciar simultáneamente la regularización. “Tenemos que decirles que no presenten dos expedientes, pero la realidad es que no hay respuestas oficiales claras”, añade.
Optimismo pese a las dificultades
A pesar del desorden inicial, Mamadou Mané y John Jairo Escudero se muestran moderadamente optimistas. Ambos insisten en que se trata de un proceso de “humanidad y derechos”, que permitirá a miles de personas acceder a empleos regulados, cotizar y vivir con mayor estabilidad. “Pedimos paciencia, porque esto no va a ser rápido, pero al final muchas familias van a poder tener una vida digna en España”, señala Escudero. Mané reclama al Gobierno “información exacta y unificada” para evitar que las asociaciones, que trabajan de forma voluntaria, tengan que asumir un rol que debería corresponder a la administración.
Mientras tanto, la realidad es la de largas esperas, madrugones y cansancio, pero también de esperanza ante una regularización que, aunque compleja, puede marcar un antes y un después para miles de vecinos y vecinas que ya forman parte de la ciudad.




