Cartas al Director: Astún sostenible


Daniel Goñi Martínez, Presidente del Ligallo de Redolada de Chunta Aragonesista en la Jacetania.
El puerto de Astún es un territorio de alta montaña donde se encuentran ecosistemas y especies de gran valor naturalístico. Los pastos turbosos (encharcados), los lagos de alta montaña, las praderas de siso (Festuca eskia), o los matorrales de rododendros y arándanos son los tipos de vegetación predominantes y están considerados por la Unión Europea como Hábitats de Interés Comunitario.
Además son el refugio o área de campeo de especies amenazadas de la alta montaña pirenaica tan emblemáticas como el quebrantahuesos o la rana pyrenaica, con planes de recuperación llevados a cabo por el Gobierno de Aragón en cuyo ámbito de aplicación se encuentra Astún.
Históricamente estos ecosistemas han sido modelados por el hombre utilizándolos para la ganadería y de ahí la consideración de “puerto” en nuestra cultura, que significa lugar de pastoreo en verano, y que conforma el paisaje grandioso propio de la alta montaña pirenaica y fruto de un uso sostenible del territorio por parte del hombre, porque desde siempre, el “uso sostenible” ha sido el único “uso posible”.
En los últimos 32 años aparece un nuevo uso de esta parte del Pirineo, que es el uso para el esquí alpino. Esta actividad, es evidente, conforma un nuevo paisaje, pero no sólo, como cabría esperar en un principio, por la instalación de remontes mecánicos. La proliferación de edificios, explanadas para aparcamiento y “allanamiento” de pistas cambian totalmente el aspecto del valle, se entuba y contamina el nacimiento del río Aragón y otros arroyos, se pierden hectáreas y hectáreas de pasto, se tienen que crear defensas contra los aludes. A pesar de ello, alguno llega a afectar a las edificaciones.
Todo esto ha ocurrido a pesar de no haberse podido desarrollar un plan urbanístico de 1991 que permitiría construir 190.000 metros cuadrados, aproximadamente nueve veces más de lo que hay construido actualmente (20.000 metros cuadrados). Tras años de pleitos, parece que ahora se debe indemnizar a la empresa explotadora (Eivasa) por los perjuicios económicos derivados de haberse paralizado la ejecución del Plan. Y la DGA, en vez de ponerse de acuerdo en una cantidad monetaria, ha negociado con Eivasa invertir en infraestructuras, junto con la ejecución de un Plan Parcial que permita la construcción de 70.000 metros cuadrados más.
Ante todo esto, el ayuntamiento de Jaca (propietario de los terrenos) ha tenido siempre el papel de “convidado de piedra”, sin cobrar impuestos municipales, ni derechos de ocupación de suelo, y dejando que se realice todo al antojo de Eivasa.
Sin embargo, hay un aspecto positivo de la situación actual que desde CHA queremos remarcar: El haberse realizado una urbanización relativamente pequeña, abre la oportunidad de planificar el futuro de la estación con criterios de desarrollo sostenible. Para ello se debe trabajar en dos líneas: a) restauración de los daños ecológicos realizados y b) planificación para no repetir este tipo de daños. Concretamente, se debe realizar un planificación urbanística con los siguientes criterios:
Prohibición de construcción de más edificios: Declaración de toda la superficie como no urbanizable.
Declaración de zona de especial protección paisajística a todas las superficies con vegetación natural aún conservada.
Obligatoriedad de depuración de las aguas de forma que los vertidos cumplan los valores exigidos por la Directiva Marco de Aguas para los ríos de mayor calidad ecológica.
Prohibición expresa de movimientos de tierras: Realización de mejoras, reparaciones, renovación de pilonas, etc. con medios aéreos.
Promoción de las actuaciones que favorezcan la recuperación de la vegetación en los lugares donde ya se han producido movimientos de tierras.
Estas acciones mínimas deben ser completadas y desarrolladas por un estudio científico-técnico multidisciplinar, en el cual se encuentren involucrados expertos de los campos de la química, geología, ecología, climatología, ingeniería, geografía, y el máximo posible de disciplinas competentes en los aspectos ambientales en juego.
Estos criterios son compartidos por la ciudadanía de Jaca tanto a través de la participación ciudadana como a nivel institucional: Se incluyeron como Acción 1.2.6, con el máximo nivel de prioridad, en el Plan de Acción Local de la Agenda 21, aprobado por todos los grupos políticos de la corporación municipal.
Nuestro modelo de gestionar las infraestructuras asociadas al esquí alpino es el que estamos convencidos de que se tiene que imponer en el futuro y se corresponde con una ordenación territorial racional. Algunas claves de este modelo son que las nuevas urbanizaciones se realicen en los pueblos y estén en armonía con su tipología, que el transporte desde el valle hasta la estación de los esquiadores se realice principalmente con transporte colectivo, que la actividad del esquí sea complementaria de un abanico de actividades económicas diversificado para generar empleo estable y asentamiento de población y que las modificaciones del terreno sean mínimas adaptándose los esquiadores al terreno y no el terreno a los esquiadores.
Las inversiones se tienen que destinar a modernizar las instalaciones y a tomar medidas correctoras de los impactos ambientales y no a la expansión de los dominios esquiables. Este modelo ya se practica en no pocas estaciones de esquí de Europa, y las diferencias son palpables cuando uno viaja en verano a estos sitios.
Desgraciadamente, vemos que desde nuestras administraciones aragonesas se sigue apostando por el modelo viejo e insostenible del pelotazo urbanístico. Como ha ocurrido en Formigal, como quieren que vuelva a ocurrir en el valle de Castanesa y como desgraciadamente ya ocurrió en Candanchú, Panticosa y Cerler. Y ahora, también Astún.
Desde CHA seguiremos defendiendo que la montaña debe respetarse como máximo patrimonio ecológico y cultural de nuestra nación, para lo que desde luego es necesaria una ley de la montaña, y en casos como éste no nos quedará más remedio que oponernos a la tramitación de un plan parcial que permite urbanizar en alta montaña. Creemos que puede y debe buscarse, con voluntad política, la forma de hacer que el esquí alpino en el Pirineo sea compatible con una naturaleza bien conservada. Los tiempos están cambiando hacia la sostenibilidad, los planes urbanísticos así deben hacerlo también. Es hora ya de que nos pongamos a andar en ese camino.




