Cartas al director: Ley anti-tabaco
Arancha García-Carpintero, fumadora.
Dicen, algunos profesionales, que muchas personas empezamos a fumar por razones sociales, porque en un determinado momento de nuestra vida, en la adolescencia, en la mayoría de casos, el hecho de fumar plantea y fortalece el camino hacia creernos más mayores, más adultos.
Yo no tengo clara la razón que me llevó a fumar, pero en todo caso, obvió es que accedí a esa posibilidad porque podía, con absoluta libertad, comprar las cajetillas de cigarros. Y es cierto que en aquella época, con mis trece años, compartía, con la mayoría de mi pandilla, esa afición.
Ahora, muchos años después, reconozco que ojalá no hubiese empezado, sobre todo porque mis pulmones, mi paladar, y mi olfato, con tantos años de humos, han empeorado, sin duda, su calidad y capacidad. Y ya no tengo en cuenta el dineral que he invertido en esta causa.
Pero sigo fumando, y lo haré, a pesar de que hoy me impidan, en mi despacho, poderme encender un cigarro. Y es que mi adicción, y no por capricho, me temo, no dejará de existir porque el Gobierno me imponga el lugar donde puedo fumar. En todo caso, si me convencieran, y me ayudaran médicamente, quizá, por mi propia salud, intentaría desintoxicarme y dejar de fumar.
Está claro que esta nueva Ley, que ha sorprendido a propios y extraños, y que no estaba en la batería del programa socialista, está generando grandes controversias y conflictos, al menos dialécticos, entre quienes además de fumar pensamos que la imposición no es un buen camino, y quienes desde su perspectiva de no o ex ? fumadores consideran que por primera vez se les respeta, y que nadie podrá convertirlos en fumadores pasivos.
Da la sensación que para ganar un respeto, el de supuestos fumadores pasivos, debe perderse otro, el de quienes fumamos.
Y creo, sinceramente, que esto no debería ser así. Yo no soy una delincuente a la que hay que atar corto, sino alguien que ha pagado impuestos por mantener su ?vicio? de fumar, disponible en miles de establecimientos, permitido siempre por las Leyes y Gobiernos, aún a pesar de resultar tan nocivo. Y tengo claro que mis humos no deben perjudicar a terceras personas, y por eso deberían ordenarse espacios diferenciados y habilitados, pero para ambas posibilidades. Pero estos y otros ?malos humos? deben ser controlados.
Y para concluir la siguiente reflexión: ¿cómo puede justificar el Gobierno y el PP esta Ley, cuando han sido los consentidores y beneficiados de la venta de tabaco? Primero nos facilitan el producto nocivo, y luego nos dificultan su consumo. ¿Esto es vigilar y cuidar la salud de la ciudadanía? Sin olvidar, que ya está ocurriendo en el ámbito laboral, que hay un nuevo sector de personas discriminadas a la hora de ser contratadas: aquellas que fuman.