La familia del guardia civil que apuñaló a otro dice que no fue consciente "de la gravedad de su enfermedad"
Los peritos han determinado que el acusado sufre un trastorno delirante de tipo persecutorio, aunque descartan su ingreso en un centro psiquiátrico<br>
La madre y la hermana del acusado de asestar 13 puñaladas a un compañero de la Guardia Civil en mayo de 2020 han declarado en la segunda sesión del juicio que su familia no era consciente de "la grave enfermedad que padecía" el presunto agresor y achacaban sus "extraños" comportamientos a una fuerte depresión e insomnio que padecía.
La madre aseguraba que "sus rarezas" comenzaron a manifestarse hace casi 20 años, pero las hacían habituales, y los brotes fuertes fueron desde el 2015, fecha en la que empezó a recibir tratamiento psicológico y psiquiátrico. Contaba como, por ejemplo, que "nunca dejaba su botella de agua porque creía que se la estaban envenenando". Además, un día "que estábamos comiendo con toda la familia en el cumpleaños de mi nieto y le servimos el plato, se lo cambió. Ese gesto nos hizo ver que ya no se fiaba ni de nosotros", subrayaba.
Aún así, la madre aseguraba que nunca, ni a ella ni a su padre, les había hablado del supuesto "complot"que él creía que tenían sus compañeros del Instituto Armado. Su hermana, en cambio, sostenía que sí se lo dijo un día en el que "me hizo escuchar las tuberías de su casa y yo le dije que le quitara importancia. Acto seguido, me entregó unos cuadernos donde explicaba todo lo que se le pasaba por la cabeza".
El año en el que se produjeron los hechos, la madre informaba de que su psiquiatra les dijo que su hijo estaba realmente mal, y hasta entonces no habían sido conscientes de la gravedad porque "nos mentía y nos ocultaba cómo estaba" en realidad. Como no se fiaba de sus palabras, aseguraba que visitó al médico especialista y se marchó llorando de la consulta porque "no le iban a atender de inmediato" tras haberle manifestado que su hijo se encontraba en un estado de extremo delirio.
La declarante añadía que el día en que se produjo la agresión, a su hijo lo vieron "muy nervioso", pero no sospecharon de lo que iba a ocurrir porque "no era la primera vez que lo veían en ese estado". Su hermana Vanesa lo achacó a que "iba muy cargado" con las bolsas que portaba en el momento que lo vio, "y cuando me di cuenta, estaban sonando las sirenas de su detención".
Por su parte, los peritos han determinado que el acusado sufría un "trastorno delirante de tipo persecutorio" de larga evolución. Era capaz de tener autonomía, pero condicionada por su delirio, que "lo esclavizaba", y por ello, descartan su ingreso en un centro psiquiátrico, ya que la prisión que le han asignado cuenta con un servicio de psiquiatría donde se cubren sus necesidades. Además, han evitado pronunciarse sobre el grado de imputabilidad a aplicar al acusado.
Igualmente, durante la sesión de este miércoles han declarado los vecinos con los que el presunto agresor mantuvo una conversación previa al ataque, su psicólogo y la médico forense que examinó a la víctima, que señalaba que las heridas que le causó podrían haber comprometido "de forma importante" su vida si no hubiera recibido asistencia sanitaria casi instantánea.
La abogada de la defensa ha orientado su argumentación a acreditar que el presunto agresor estaba influido por un estado de enajenación mental. El juicio concluirá este jueves con las últimas pruebas periciales solicitadas por las partes y los informes de las acusaciones y la defensa.
Cabe recordar que la Fiscalía pide para el supuesto autor casi 20 años de cárcel por un delito de tentativa de asesinato y otro por lesiones, con el atenuante de enajenación mental. Además, reclama 150.000 euros de indemnización para el padre y 60.000 para la hija, así como órdenes de alejamiento.