Mamá, estoy embarazada
Cristina Pérez Diego
Quince años de vida en este mundo; quince años intentando crecer; quince años adaptándose a un cuerpo de mujer que, de tan nuevo como es, le parece que no es suyo. Una noche con los sentidos disparados, la inconsciencia y toda la información acumulada que, de repente, se borra entre los besos y un resultado que te hace temblar:"mamá, estoy embarazada". Y mamá intenta dar respuesta a la pregunta que más formulan las madres "¿por qué?" o "¿qué hemos hecho tan mal en esta familia?".
Las cifras que maneja el Instituto Aragonés de la Mujer en Huesca, nos hablan de varios embarazos cada año, de niñas de menos de diecinueve años. Hablamos de embarazos no buscados y hablamos de embarazos llevados a término; luego hay que contabilizar otras cifras, las de las niñas que deciden abortar en el camino.
Servicios Sociales, padres, centros escolares, familia...todos hablan de ella pero, muy pocos, hablan con ella. Se marca su futuro con una cruz para tener en cuenta que, su primer error garrafal, lo cometió nada más empezar a vivir: "la has cagado" le viene a decir el mundo.
Y ella que se toca la tripa y que no acaba de creerse que entre la cintura de su pantalón vaquero y el piercing del ombligo algo empezará a moverse.
"Mamá estoy embarazada" tiene que ser una frase difícil de pronunciar; un embarazo no deseado choca de frente contra el milagro de ser madre; un sueño se convierte en pesadilla. A pesar de las culturas, una niña de catorce años embarazada en este siglo, es dificil de asumir.
Si a pesar de la información, de los folletos, de las máquinas expendedoras de preservativos en cualquier esquina, de las charlas en los colegios, del machaconeo de los medios de comunicación, de la moserga de los padres...si a pesar de todo esto el fin no tiene nada que ver con los medios, algo falla. Fallamos todos.