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Ruta del Club Montisonense de Montaña por los pueblos abandonados de Rocafort y Pelegriñón

La sección de senderismo del Club Montisonense de Montaña realizaba su última ruta en la Comarca de La Litera. Durante la actividad, 19 participantes se adentraban en los parajes de los pueblos abandonados de Rocafort y Pelegriñón.

El inicio de la mañana era frío, aunque caliente en los ánimos de encontrarse nuevamente para recorrer caminos y senderos; de Monzón se desplazaban hasta San Esteban de Litera, donde estaba el punto de partida. Al inicio del camino, ya pudieron observar el horno de Yesos, que les recordaba que el paraje por donde transcurre su itinerario son “las Gesas”, Lugar de Interés Comunitario (L.I.C.), denominado “Yesos de Barbastro”.

El suelo helado y los campos rotulados entre los montes de carrascas, con el verdor incipiente del sembrado, les acompañaban en el primer tramo. Tras observar en un cartel que había programada una batida de caza mayor, cambiaron el orden de la ruta para adentrarse por el barranco de Alcalaná hacia Pelegrión, que les acogía con la tristeza de sus ruinas, como si quisiera esconderse entre las carrascas y las paredes de arenisca. No paraban para salir del frondoso “bosquecillo”, para ascender por un pequeño sendero, dirección a la Ermita de Santa Ana.

El sol calentaba tímidamente, la brisa hacía acto de presencia y la luz era genial; al llegar a la altura de la Ermita, entre otras cosas veían como despuntaba nevado el Cotiella o al fondo la localidad de Binefar; echaron un bocado y continuaron, descendiendo hacia el pueblo de Rocafort, pasando al lado de su pequeño cementerio, haciendo un alto para ver su iglesia, bajo la vigilancia de un gran litonero que guarda la historia del pueblo en sus raíces.

Continuaban la ruta de regreso y pueblo abajo se encontraban con la entrada de un pozo hielo, los lavaderos, pozos de donde se sacaba el agua, entradas a viviendas excavadas en las paredes del monte y un panel informativo agredido por el sol, que aún les dejaba leer, que estos pueblos hacia la década de los años 60 – 70 perdieron sus habitantes y que no disponían ni de corriente eléctrica, ni agua corriente.

Retornaron al camino principal, se oía algún disparo en la lejanía, la brisa y el sol seguían acompañándoles en las conversaciones. Llegaban a San Esteban de Litera, visitaron su pequeño “jardín botánico”, que tienen instalado en el parque municipal “El Prado”.