Sin cigüeñas por delante, pero con casi una veintena en la parte trasera de la Catedral de Huesca


La empresa encargada de su mantenimiento, llevaba a cabo este martes ayudada por una gran grúa, una revisión de las instalaciones anti palomas y cigüeñas, que están ubicadas en la Catedral de Huesca. Se trata de un sistema electrónico, que da pequeñas descargas a las aves cuando intentan posarse, por lo acaban no haciéndolo. Gran parte del cableado estaba quemado por el sol, o cortado por las propias cigüeñas con sus picos. Ahora se ha cambiado por uno nuevo. Este dispositivo electrificado se puede ubicar solamente en la parte delantera del templo, la que da a la plaza. Sin embargo, en la parte trasera de la seo, la que da a la calle Desengaño, es imposible acceder con una grúa, por lo que allí, sí que quedan dos nidos de cigüeñas. En la actualidad quedan 6 pináculos sin electrificar, algo que se intentará realizar con el trabajo que una empresa que lleva a cabo trabajos verticales.
Las cigüeñas, en todo caso, continúan haciendo estragos. Además de los nidos, cada noche pernocta una cigüeña sobre cada uno de los pináculos, en total unos 16, por lo que sus excrementos están debilitando y estropeando estos ornamentos de la Catedral. La estrechez de las calles del entorno es tal que, a pesar de que en numerosas ocasiones se ha planteado, no es posible llegar hasta allí para instalar algún dispositivo disuasorio.
El problema es que el peso que acaban teniendo los nidos de cigüeña provocará que los pináculos pudieran acabar rompiéndose, con el riesgo que ello supone para los viandantes y también para la Catedral si alguno llegara a caer sobre el tejado. A ello se suma que la presencia de las cigüeñas conlleva suciedad y corrosión, dado que sus excrementos manchan los pináculos y los dejan blancos y mucho más vulnerables al paso del tiempo y los fenómenos meteorológicos. Y es que pesar de esos elementos disuasorios, que se dispusieron en el año 2007 en el resto de los pináculos, es muy habitual ver todos estos elementos, con una cigüeña en su punta.
Los expertos aseguran que la corrosión traspasa la piedra y llega incluso al hierro del interior de los pináculos. De seguir así, ya se ha dicho en más de una ocasión, en un plazo de entre 20 y 30 años, los pináculos podrían llegar a desaparecer.




