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Uceda Leal salva los muebles en la última corrida de feria

El torero madrileño cortó dos orejas, una a cada toro, y dejó detalles del buen momento que atraviesa. También Serafín Marín se llevó dos ovaciones del respetable por su meritoria actuación. Morenito de Aranda no estuvo tan brillante, pero colaboró para que por lo menos la última corrida de la Feria Taurina de San Lorenzo dejara un mejor sabor de boca a los aficionados. De nuevo pobre entrada con toros de Fernando Peña que mejoraron lo visto en los pasados días.  Las Peñas Recreativas mostraron su protesta con la ausencia de pancartas y charangas en los tendidos de sol y recibieron y despidieron al empresario a gritos de ¡Zorita vete ya!. La empresa Toros del Ebro ha cerrado su gestión de tres años al frente del coso taurino oscense.  Uceda Leal: oreja y oreja; Serafín Marín: ovación y vuelta al ruedo tras aviso y Morenito de Aranda: silencio en ambos. Toros de Fernando Peña, bien presentados, pero con poca fuerza.  Uceda Leal fue el encargado de dar un poco de ánimo a los tendidos tras la decepción del día anterior. Ante un toro noble, aunque sin clase, demostró que querer es poder. Destacar la labor del oscense Pablo Ciprés en banderillas, brillante durante toda la tarde, así como sus compañeros. Uceda Leal volvía a Huesca y quería aprovechar su racha de triunfos y lo consiguió gracias a un toreo exquisito y a una estocada fulminante que le hizo merecedor de la primera oreja.  En el cuarto repitió, si bien las condiciones del astado no eran las mismas. Demostró calidad en varas y llegó con las fuerzas justas al último tercio donde de nuevo con la muleta supo sacar el poco provecho que tenía su oponente. De nuevo el acierto con el acero le llevó a conseguir su segunda oreja.  Serafín Marín en su primero se lució con el capote ante un toro escaso de fuerzas. Cuando el torero le planteaba batalla, el animal no respondía y el catalán lo intentó de todas las formas alargando la faena con un toreo más artístico que efectivo y puro. El público se lo agradeció con una ovación al finalizar la faena.  En el quinto, un toro de 635 kilos, Serafín Marín intentó mimarlo tanto en el caballo como en banderillas desde el principio para que los kilos no le pasaran factura a lo largo de la lidia y llegara en condiciones a la muleta. Tal vez aquí fue donde el torero no estuvo tan brillante metiéndose demasiado en la cara del toro lo que le propició un susto al ser embestido, aunque sin consecuencias. El percance hizo que la afición se pusiera del lado del matador y que al final la emoción llegara a los tendidos. El desacierto con la espada le dejó con una gran ovación y vuelta al ruedo.  Y por último Morenito de Aranda cerraba la feria. En el primero estuvo bien con el capote ante un toro bruto en la embestida. Morenito le bajó la muleta, pero sin recorrido y fuerzas se apagó. Además no estuvo bien con la espada y se quedó con silencio en su actuación.  En el que cerró plaza, el torero quería completar la buena predisposición del público en esta tarde, pero no pudo redondear una buena actuación. Y eso que con la muleta hizo alguna tanda de mérito ante un toro manso y con pocas condiciones. Se metió entre pitones para darle algo de emoción buscando el enganche con los aficionados. De nuevo falló al matar y eso acabó con sus esperanzas.  Se acaba una feria que pasará a la historia por ser la peor que se recuerda en afluencia de público a los tendidos y por la poca vistosidad de los festejos con toros no acordes para una plaza de 2ª que reclama un poco de seriedad de todas las partes para poder mantener viva la fiesta. Se acaba el contrato de Toros del Ebro y el año que viene habrá nueva empresa. Que Dios reparta suerte, que hace falta.