Un libro recoge parte de la obra de Enrique Capella


Una parte de la extensa obra del autor costumbrista oscense Enrique Capella ha sido recopilada en un libro bajo el título “Folclore y tradición”. A punto de cumplirse el centenario de su nacimiento, las historias y cuentos escritos por Capella en copla o romance en la primera mitad del siglo XX describen las costumbres de Huesca de aquella época.
Gran parte de la familia de Enrique Capella ha asistido este martes a la presentación del libro, editado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses y realizado por Ramón Lasaosa. El libro recoge una parte importante de la obra de Capella, un hombre popular en su época que sabía impregnar sus escritos de un gran sentido del humor y de un léxico propio del Somontano. Seleccionar una parte de su obra no ha sido tarea sencilla.
El hijo de Enrique Capella, Adolfo, ha agradecido la publicación de este libro y ha recordado alguna de las coplas escritas por su padre dedicada a algún personaje de la época.
Adolfo Capella ha aprovechado la presencia de algunos responsables municipales para pedir una plaza en Huesca que lleve el nombre de su padre.
Enrique Capella
Enrique Capella Sanagustín (Huesca, 19061985) fue funcionario del Ayuntamiento oscense y trabajador del periódico Nueva España. Su vida estuvo ligada siempre a la ciudad de Huesca, a través de su participación en distintas asociaciones y cofradías. De la mano de su padre se aficionó a la música y al folclore, y formó parte de diversas rondallas y grupos musicales, como la Sertoriana. En 1937 comenzó su labor como escritor y se convirtió en colaborador asiduo de Nueva España hasta el momento de su fallecimiento. Entre sus composiciones más conocidas se halla el texto de la zarzuela Dicen que muere la jota, con música de José M.ª Lacasa, y la letra del Himno a Huesca que compusiera Daniel Montorio. Sus escritos muestran claramente su forma de pensar y nos lo sitúan en el ámbito de los folcloristas altoaragoneses, junto a Luis López Allué o Pedro Lafuente. A través de su extensa obra recogió costumbres e historias que iban desapareciendo, al tiempo que trataba de conservar el léxico y las expresiones propias del Somontano, todo ello aderezado con abundantes dosis de humor e ironía. La labor que realizó en este campo le fue reconocida por diversas entidades, entre ellas el Ayuntamiento de Huesca, que en junio de 1994 le dedicó una calle en la ciudad.




