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El Sporting vuelve a ganar con un ejercicio de épica y orgullo

Los rojiblancos se repusieron de la expulsión de Insua, defendieron como un solo hombre y lograron el triunfo en Lugo con un gol de Zarfino

Los jugadores del Sporting y 'La Mareona' celebran el triunfo rojiblanco en el Anxo Carro. / Real Sporting

Antes de jugar en Lugo había quien comparaba la situación del Sporting actual con el de la temporada pasada, amparándose en el similar número de puntos en ambas temporadas tras dieciocho partidos. Después del encuentro, pocos se atreverán a repetir la comparativa. Porque con su victoria en Lugo, sobreponiéndose a la polémica expulsión de Insua y en un ejercicio de coraje, compromiso y seriedad defensiva, el Sporting demostró que tendrá limitaciones y un cierto déficit de puntos, pero que está muy vivo, que es competitivo y que no va a la deriva. El gol de Zarfino, uno de los que mejor representa el espíritu de este vestuario, le dio al Sporting una victoria épica en la única tarde en la que el sportinguismo hubiera firmado el empate, dadas las circunstancias. Al final llegó una victoria, ocho partidos después, que vale oro y que reafirma el proyecto.

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Consciente de lo necesitado que llegaba y espoleado por una afición animosa e infatigable, el Sporting saltó al Anxo Carro dominador, mandón, dispuesto a llevar el control del partido. Fue un dominio inicialmente infructuoso, que no le sirvió para generar ocasiones en la primera mitad, más allá de un disparo lejano de Djurdjevic a la media vuelta. De hecho, las tres oportunidades más claras del primer tiempo fueron para el Lugo: un mal despeje de Cuéllar quien (cegado por el sol) la envió hacia su propia portería en lugar de hacia delante, un disparo al poste de Ze Ricardo después de haber tumbado a Cote y, ya en la recta final de la primera parte, un cabezazo de Moyano que se fue fuera por poco.

Le faltaba cierta fluidez con la pelota al Sporting, que generaba llegadas por banda pero apenas era capaz de conectar con sus delanteros, bastante irrelevantes en el partido.

En un partido que tuvo de todo lo más desagradable fue la aparentemente grave lesión del jugador del Lugo Juanpe, al que le falló el tobillo tras una aparentemente inocua falta táctica de Queipo. La imagen fue terrorífica y dejó heladas a ambas aficiones.

Tras el paso por vestuarios el partido seguía con su guion. Abelardo introdujo cambios a los once minutos de la reanudación: refrescó las bandas, retirando a los casi inadvertidos Aitor García y Queipo para dar entrada a Juan Otero y Jony y sacrificó a Cristo González (que tampoco había participado apenas) para reforzar el mediocampo con la entrada de Nacho Martín, adelantando la posición de Zarfino.

Y en cuestión de un minuto llegaron dos jugadas que parecían marcar el partido. De poder ponerse por delante en una clarísima ocasión a verse en inferioridad numérica. En el minuto 57 Djuka tuvo una ocasión pintiparada para romper su sequía goleadora: recibió un pase filtrado perfecto de Jony y resolvió estupendamente picándola por encima del portero, sin poder hacer nada ante la gran capacidad de reacción de Alberto Rodríguez, que casi sobre la línea sacó lo que era un gol cantado. Sigue gafado el serbio este año. Y en la siguiente jugada, la polémica y los problemas: una supuesta plancha de Insua le costó la segunda amarilla. Quedaba más de media hora de partido y el Sporting se quedaba con uno menos y sin ventaja en el marcador. Un minuto que parecía maldito e irresoluble.

La perspectiva de los sportinguistas cambió. Un empate que no valía para casi nada a las 17:00 pasaba a ser oro puro a las 17:30. Tocaba resistir y no perder ese botín. Dadas las circunstancias, Abelardo retiró a Djuka, ubicó a Otero en punta para intentar aprovechar su velocidad en alguna acción aislada y metió entre líneas, en su puesto natural, a Jordan Carrillo, que se reivindicaría en los minutos de los que disfrutó. Acabaría siendo clave. Abelardo deberá darle una vuelta al ostracismo de este futbolista, que por algo recibió premios en México.

No sufría el Sporting. Al contrario. Carrillo empezó a echarse el equipo a las espaldas y de sus botas salió un pase a Otero que probó el disparo desde lejísimos, pero el balón salió repelido por el palo. Más madera, más mala suerte.

Pero el Sporting no se resignó. Carrillo robó un balón en campo propio, además de calidad demostró fortaleza, aguantó una tarascada y se apoyó en Juan Otero, que vio a Zarfino solo en el área. El uruguayo, todo pasión, disparó a la media vuelta ajustado al palo y logró un gol épico, celebrado con una enorme emoción.

Los últimos minutos fueron un ejemplo de defensa numantina. Izquierdoz y Gragera, este último reconvertido en central, fueron dos baluartes insuperables en el juego aéreo. Cuéllar, tocado en un tobillo, también metió una buena mano a la salida de un córner, aunque se había producido una falta previa.

Con los nervios a flor de piel (los de los protagonistas y los de los 2.000 sportinguistas de la grada) y con el portero Whalley intentando tomarse su particular revancha subiendo a rematar un saque de esquina en el último segundo, el Sporting logró resistir y sumar una victoria que ya tocaba y que se merecía. La mala racha queda atrás y las comparaciones, que siempre son odiosas, quedan definitivamente aparacadas. Este 'muerto' demostró en el Anxo Carro estar bastante más vivo de lo que algunos creían.

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