Ocio y cultura

'Las Noches de Ortega Show', el homenaje a la radio de uno de sus elegidos

El humor surrealista e inteligente de Juan Carlos Ortega hizo las delicias del público asturiano durante una nueva visita al teatro Jovellanos

Juan Carlos Ortega

Gijón

"Otros cómicos me dicen: 'Ortega, tienes que rejuvenecer tu público'. Yo no quiero. A mí me gusta la edad de mi público. '¡Pero envejecerán, se irán muriendo y te quedarás sin público!', me responden. Y yo les digo: '¿Y qué más da? Yo también envejeceré y me moriré. Nos moriremos todos juntos y estará bien". Y así, ante un perfil de espectadores tirando a veterano pero con representantes de todas las edades, todos ellos amantes de la buena radio y, por tanto, de Juan Carlos Ortega, el humorista y presentador defendió a los fans que decidieron pasar con él dos horas de risas continuas en el teatro Jovellanos.

'Las Noches de Ortega Show', el espectáculo basado en el programa de la madrugada de los viernes de la Cadena SER, no aportó grandes novedades con respecto a anteriores visitas de Ortega. Ni falta que hace, dirán sus seguidores, que siguen incapaces de contener la sonrisa ante el esperado exabrupto o el giro surrealista que cierra cada gag del cómico catalán. Él mismo lo advirtió: el show comenzó con un gag repetido y hasta reutilizó algunos de sus vídeos de la visita anterior, como la hilarante emisión de un documental de animales locutado en La Sexta o en 13TV. El auditorio, hasta conociendo el final en muchos casos, volvió a llorar de risa.

Ortega, como su humor, es un hombre clásico. Su espectáculo, un homenaje a la radio, lo presidía sobre el escenario un viejo transistor. Y ante la mirada de genios de la radiodifusión como Jesús Quintero, Iñaki Gabilondo, Luis del Olmo, Julia Otero, Encarna Sánchez, Gemma Nierga o el mismísimo Orson Welles, Ortega desplegó su repertorio de voces, atendió llamadas surrealistas de sus personajes, cedió el protagonismo a su alter ego Marco Antonio Aguirre para que leyera cuentos al público y, haciendo de tripas corazón, recurrió a la piquilla localista y lanzó dardos a Oviedo, hasta que descubrió entre carcajadas que varios de los asistentes eran de la ciudad vecina.

Dos horas de diversión, no exenta de crítica social y hasta análisis filosófico, que probablemente disfrutan solo en su plenitud los muy fans de Ortega. Esos que, tres horas después, tras El Larguero, volvieron a sintonizarle en la radio. Otros, los que se fueran de fiesta o se quedaran dormidos, no se lo perderán en podcast. Porque aunque Ortega sea un clásico y sus seguidores no sean principalmente adolescentes, los nuevos formatos de la radio también son radio. Y el oyente de Ortega es, indisolublemente, amante de la radio.

Los seguidores del cómico salieron del Jovellanos con la sonrisa en la boca. Y desde este viernes podrán decir, sin reparos, que a ellos también les entrevistó 'El Loco de la Colina'.

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