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Triunfo crucial del Sporting con polémica arbitral y más emoción de la debida

Primera victoria de la 'era Ramírez' en el Sporting, con un 1-0 que pudo ser más abultado ante un Zaragoza que acabó con nueve

Los jugadores del Sporting celebran el gol rojiblanco ante el Zaragoza. / LaLiga

Gijón

El Sporting hizo lo que debía hacer ante el Zaragoza: ganar. Cualquier otra cosa hubiera supuesto un atolladero de difícil salida para el equipo. Tres meses después, en el debut liguero de Miguel Ángel Ramírez como entrenador, volvió a vencer en El Molinón. Además lo hizo merecidamente, con un resultado que debió ser más abultado, más teniendo en cuenta que el rival acabó con nueve jugadores, pero que no lo fue por algunas circunstancias endógenas y otras exógenas: desde falta de puntería a polémicas decisiones arbitrales. El tempranero gol de Queipo fue suficiente para conseguir lo que se espera que constituya un punto de inflexión en la trayectoria del equipo.

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Al partido le sobró tensión, porque el Sporting debió cerrarlo mucho antes: no lo hizo por la polémica anulación del segundo gol, por la controvertida decisión del VAR de no pitar penalti por mano del zaragocista Larra y, también hay que decirlo, por la incapacidad del Sporting de terminar en gol algunas de las muchas llegadas que protagonizó en varias fases del partido. Lo fundamental, que era ganar, el Sporting lo consiguió. El equipo respira, gana posiciones en la tabla y Ramírez gana crédito y tranquilidad para dar forma a una idea que ya apuntó en el primer partido contra un verdadero rival. Con defensa de tres centrales, con los laterales asumiendo mejor el papel de carrileros, con Rivera y Pedro Díaz en la sala de máquinas y con una delantera un tanto sorprendente (Aitor - Campuzano - Queipo) el Sporting planteó una propuesta ofensiva a la que le faltó algo de puntería para ganar de forma más convicente.

Es verdad que las circunstancias se le pusieron de cara al Sporting muy pronto, gracias al gol de un vigoroso Queipo, figura destacada del equipo especialmente en la primera parte. La conexión de Mareo funcionó a la maravilla: Diego Sánchez puso un centro espléndido desde la izquierda y Queipo, en el segundo palo, estuvo perfecto en la definición para marcar su primer gol como profesional. En un partido que se auguraba tan tenso, ponerse por delante en el marcador a los dos minutos y medio era oro molido.

Todo salía de cara, aparentemente. Solo unos minutos después del gol, el VAR denunció que la entrada de Alarcón al explosivo Queipo no era amarilla, como había apreciado Busquets Ferrer, sino roja. Parecía de manual. El Sporting se ponía por delante y el rival se quedaba con uno menos Parecía que el partido sería coser y cantar. Pero no fue así.

No porque el Sporting no quisiera, sino porque no le acababan de salir las cosas. Temeroso de perder lo conseguido, el equipo reculó demasiado, lo que desesperó a El Molinón. Tuvo alguna ocasión puntual al contrataque, pero también sufrió cuando Cuéllar tuvo que intervenir dos veces para evitar el gol maño: Mollejo se coló entre la poblada defensa del Sporting, obligando al portero a intervenir primero para repeler el disparo y después para anticiparse al remate de Iván Azón, que llegaba con todo.

En todo caso, el Sporting hizo lo que debía: marcar el segundo gol. Campuzano remató de cabeza, picando el balón por encima del portero, pero desde la sala VOR rebobinaron la jugada hasta encontrar una discutible falta de Insua a Mollejo una eternidad antes, todavía en campo propio. La tranquilidad volvía a disolverse.

Salió el Sporting con ímpetu renovado tras el descanso, dispuesto a hacer lo imposible por no sufrir. Pero seguía sin puntería. Perdonó una ocasión Campuzano. Se pidió penalti por mano de Larra al intentar que Queipo no controlara un gran pase filtrado de Pedro Díaz, pero los designios del VAR son inescrutables y nadie sabe cuándo se penaliza una mano en el área y cuando no. E Insua tuvo otra oportunidad clarísima al rematar solo una falta de Pedro Díaz, pero el cabezazo se fue arriba.

La estrechez del marcador mantenía la tensión, que parecía rebajarse cuando Nieto, imprudentemente, se ganaba la segunda amarilla y dejaba al Zaragoza con nueve. Pero ni con esas. Jordan Carrillo, con un disparo lejano, y Cristo González, de tacón, intentaron que El Molinón por fin celebrara el segundo gol. No fue necesario; los tres puntos, que tanta falta hacían, se quedaron en casa.

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