Las Pelayas aprovechan la romería de San Blas para salvar el monasterio de San Pelayo
La Fundación Alimerka dona las naranjas que se venden a un euro para financiar las costosas obras de accesibilidad

Marta Agulló

Oviedo
La romería de San Blas ha vuelto a Oviedo como cada año desde hace más de un siglo. La tradicional venta de rosquillas y naranjas ha servido esta vez con un fin solidario: recaudar fondos para las obras de accesibilidad que necesita el monasterio de San Pelayo, donde reside una comunidad de monjas de avanzada edad.
Desde primera hora de la mañana, el entorno del convento registró una constante afluencia de fieles y visitantes que acudieron a las misas y participaron en la iniciativa. Las voluntarias encargadas de la venta reconocían que el ritmo fue intenso durante toda la jornada, especialmente en las entradas y salidas de los oficios religiosos. Las rosquillas de San Blas, bendecidas y asociadas tradicionalmente a la protección de la garganta, volvieron a ser uno de los productos más demandados.
La principal novedad de este año fue la incorporación de la "naranja solidaria", vendida a un euro la unidad. Con este gesto se ha querido recuperar una antigua tradición vinculada a la romería, cuando las naranjas llegaban a la ciudad desde la costa y se comercializaban en los alrededores del monasterio. Además de su valor simbólico, la iniciativa tiene un objetivo concreto: financiar un ascensor y otras obras para eliminar barreras arquitectónicas en un edificio con numerosas escaleras. Las personas colaboradoras destacaron la buena respuesta ciudadana, con compradores y donaciones espontáneas.




