Fútbol

El Sporting no baja los brazos y arrolla al Cádiz

Los rojiblancos golean a un rival decadente (3-0), con Dubasin y Otero incrementando sus espectaculares estadísticas

Dubasin y Juan Otero celebran uno de los goles del Sporting al Cádiz. / LaLiga

Gijón

El Sporting se dio un festín a costa del peor equipo que ha pasado por El Molinón en mucho tiempo. El 3-0 final se queda corto ante la superioridad que mostró el equipo gijonés contra un Cádiz destrozado, un equipo histórico que ha pasado momentos críticos de su historia y se le está poniendo cara de que las puede repetir. El Sporting cumplió el trámite, goleó, jugó bien al fútbol, incrementó las estadísticas de sus figuras y demostró que, verdaderamente, el equipo no baja los brazos, pese a que necesite una heroicidad para engancharse a un playoff que sigue a la enorme distancia de ocho puntos. Prueba superada; también la de superar (por fin) la famosa barrera de los 50 puntos.

Aunque los discursos en torno al Sporting (no sin lógica) se centren más en lo que conviene mejorar y lo que se puede retener de cara al próximo proyecto, el mensaje de que el equipo no está en período prevacacional no se ha quedado en palabras huecas. Lo demostró el equipo en el partido y lo dejó patente Borja Jiménez, poco amigo de las concesiones a la galería: el once fue el de siempre (o casi siempre), recuperando a Andrés Cuenca tras su fugaz y accidentado estreno y sacrificando a Diego Sánchez. El fichaje invernal, al que el Sporting pretende retener más allá del 30 de junio, dejó buenas sensaciones, aunque volvió a poner los pelos de punta en un duro choque con su compañero Yáñez.

El Cádiz fue el primero que sospechó que el Sporting podía estar ya desconectado de la competición, pero se equivocó en la reflexión y en la estrategia. Entendió que, a base de patadas y de entradas duras, los jugadores del Sporting dejarían de meter la pierna, dada su situación clasificatoria. No es sospechoso de eso el Sporting, un equipo en el que los jugadores de más calidad son los que más corren y trabajan del equipo. Otero y Dubasin no solo mejoraron sus estadísticas este domingo, sino que igual que Gelabert volvieron a ser de los que más se desgastaron en defensa y se esmeraron en la presión y la recuperación.

Lo único que consiguió el Cádiz en esos primeros minutos fue cargarse de amarillas. Trataron de practicar el otro fútbol, con comportamientos ya cansinos como el cuento del portero Victor Aznar, cuyo dolor duró curiosamente el mismo tiempo que tardaron en vender la cabeza de su compañero García Pascual, que había chocado con Pablo Vázquez. Rubén Yáñez demostró, a renglón seguido, que el Sporting también se sabe las triquiñuelas, repitiendo el patrón mientras se atendía a Pablo Vázquez.

Más allá de eso, el Sporting fue muy superior a su rival desde el primer minuto. Con un poco más de puntería, podía haberse ido al descanso con un 3-0. Enchufadísimos, Dubasin, Otero, Gelabert y Gaspar desmontaban a la defensa del Cádiz, que era un auténtico flan. Los tres goles del Sporting llegaron a la contra, lo cual también deja en evidencia al rival. Dubasin, con sus dos tantos, ya lleva quince; Otero no solo marcó con la colaboración de un defensa: también logró una asistencia más en un impecable pase a El Pingüino, que se lo agradeció de forma expresiva. ¿Serán capaces los dirigentes de reconstruir la plantilla manteniendo a todos estos pilares de cara al año que viene? ¿O pondrán a uno (o varios) en el escaparate?

Tuvo más ocasiones el Sporting: desde dos consecutivas en el primer minuto del segundo tiempo a una acción en la que la endeble defensa del Cádiz no acabó de despejar, pero Gaspar tardó un segundo en decidirse a atacar el balón tras una buena acción de Dubasin. También Amadou tuvo ocasión de celebrar su reaparición con una ocasión en la que no estuvo atinado.

Porque sí, en esta ocasión hubo tiempo y margen incluso para que los titularísimos descansaran (y se llevaran una merecida ovación) y la segunda unidad disputara minutos. También lo hubo para una acción arbitral que prolongó el partido más de lo que merecía: una tarjeta roja a Ortuño que fue rebajada a amarilla tras comprobarse en el VAR que el jugador del Cádiz no tocaba la rodilla de Diego Sánchez, aunque sí su tobillo. Se la jugó el futbolista amarillo, víctima también de la desesperación de su equipo.

La victoria era obligada y el Sporting la logró. Sin hacer cuentas de la lechera, el equipo tratará de ganar ahora a dos rivales de la zona media como Córdoba y Ceuta para tratar de convertir el choque frente al Málaga en la primera finalísima de verdad. Aunque no conviene llamarse a engaño: el objetivo del Sporting sigue siendo como subir el Himalaya sin oxígeno. Ganarle a este Cádiz era una obligación y la frontera de los cincuenta puntos ya está superada. Y la constatación de que el equipo no iba a dejarse llevar también ha quedado patente, al menos en este partido.

David González

Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de...