El río Grío nace en las estribaciones de la sierra de Vicort y serpentea entre montes y valles, dibujando un camino de vida a través del corazón del sistema Ibérico aragonés. A su paso, riega campos de almendros y olivos, atraviesa pueblos que aún conservan la esencia de lo rural, y se encajona en parajes de sorprendente belleza como el barranco de la Hoz. Su curso, a veces calmo y otras impetuoso, es testigo del paso del tiempo y guardián de historias, tradiciones y paisajes que se funden con el murmullo de sus aguas.