Sojorn, un refugio temporal ante la emergencia habitacional de Mallorca
El centro social nació en 2021 y acoge a medio centenar de personas

Reportaje Sojorn en Hoy por Hoy Mallorca (08/01/2026)
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Palma
La crisis de vivienda en Baleares sigue dejando a familias sin alternativas habitacionales. En 2021 nació el proyecto Sojorn, un centro social situado en la parroquia de la Mare de Déu de Monserrat en un barrio de Palma, que acoge de manera temporal a casi medio centenar de personas con dificultades para acceder a una vivienda.
Personas como Camila, Ángela o Soledad son algunas de las personas que viven actualmente en Sojorn junto a sus familias. Mujeres que pese a trabajar o llevar años en la isla no han conseguido un lugar digno donde vivir.
Camila es brasileña y llegó a Mallorca junto a su marido hace dos años para buscar tratamiento médico para su hijo con autismo. Venía con una promesa que nunca se cumplió y, sin papeles ni estabilidad económica, acabó viviendo en distintas habitaciones hasta que encontró un lugar en Sojorn. Ahora, aunque por tiempo limitado, tiene un lugar seguro en el que vivir mientras busca trabajo y un nuevo hogar accesible.


Como ella, muchas familias se encuentran atrapadas en un mercado de alquiler cada vez más inaccesible por los elevados precios, contratos precarios y, en muchos casos, solo por el simple hecho de tener hijos, se les cierra la puerta a acceder a una vivienda. Es el caso de Ángela, lleva 17 años viviendo en España, 5 en Mallorca, y una vez consiguió traer a sus hijos al país, tuvo que vivir separada de ellos porque donde vivía no aceptaban menores.
Otro de los problemas para acceder a un alquiler son las estafas. Soledad es uruguaya y lleva en la isla tres años junto a su marido y sus tres hijos. Los cinco vinieron a la isla para encontrar algo mejor mientras se alojaban en casa de un familiar. Cuenta que por problemas en la convivencia se quedaron en la calle.
Sojorn nació en 2021, después de la pandemia, cuando Jaume Alemany, párroco de la iglesia, situada en el barrio del Rafal, detectó un aumento continuado de personas que no podían pagar el alquiler o que se quedaban directamente sin vivienda. Ante la falta de respuestas habitacionales, decidió adaptar espacios parroquiales que hasta entonces tenían un uso puntual para ofrecer una solución temporal a personas solas o parejas. Un perfil que, según explica Alemany, ha ido cambiando con el tiempo.


Actualmente, Sojorn acoge a 47 personas repartidas en las dos plantas que tiene la parroquia. Las familias disponen de habitaciones pequeñas para dormir y comparten baño, cocina y espacios comunes. Al llegar, todas las familias firman una especie de acuerdo en el que se comprometen a buscar vivienda y trabajo, y a no permanecer en el espacio más de medio año.
Alemany explica que desde el inicio deja claro que la parroquia no es una pensión, sino un lugar de convivencia. Más allá de ofrecer un techo, el proyecto busca recrear un lugar lo más parecido al calor de un hogar, con normas basadas en el respeto y en la participación.
El proyecto no cuenta con financiación directa de la administración pública. Se sostiene gracias a donaciones de particulares, de la parroquia y a las aportaciones de las propias familias, que contribuyen según sus posibilidades económicas. No hay una cuota fija: quién puede aportar, y quién no, no queda excluido.
Las familias cuentan que la parte más dura es explicarle a sus hijos que no pueden quedarse en su casa o que tienen que marcharse y empezar de nuevo en un lugar desconocido. Hakima es madre de dos menores, de 12 y 16 años. Llegó a Sojorn hace seis meses, recordemos, cuando no le renovaron el contrato de alquiler. Explica que, especialmente al principio, a su hijo mayor le costó mucho adaptarse al cambio.
Los problemas en la adaptación de los más pequeños es algo frecuente en las familias del centro.
Desde la parroquia hablan de un proceso de duelo. Un duelo que, aseguran, se está convirtiendo en una de las caras más duras de la actual emergencia habitacional.
Jaume Alemany reconoce que le gustaría que Sojorn pudiera acoger a más personas. Advierte del riesgo de que iniciativas como esta acaben normalizando que entidades sociales o religiosas asuman responsabilidades que corresponden a la administración pública. Desde la parroquia defienden que la situación que viven estas familias no es un caso aislado, sino la consecuencia de un problema estructural.
Alemany espera que algún día la administración asuma plenamente su responsabilidad y que proyectos como Sojorn dejen de ser necesarios. Mientras, decenas de familias siguen esperando una oportunidad para acceder a un hogar. Un derecho básico que, en Mallorca, se ha convertido en una carrera de fondo.




