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Salud y bienestar

Esto es psicología. Sentimiento de culpa

Un podcast de Fernando Pérez Pacho

Esto es psicología. Sentimiento de culpa.

Mahón

Todos hemos sentido culpa alguna vez. Esa voz interior que nos recuerda que algo salió mal, que podríamos haber actuado de otro modo, que fallamos a alguien o a nosotros mismos. Es una emoción universal, profundamente humana, y sin embargo pocas emociones generan tanto sufrimiento silencioso como esta.

¿Tiene una función?

La culpa, en su forma más sana, cumple una función esencial: nos ayuda a reconocer errores, reparar daños y ajustar nuestro comportamiento. Es una brújula moral que nos conecta con nuestros valores y con el impacto que tenemos en los demás. Cuando cometemos un error y sentimos culpa, esa incomodidad nos empuja a pedir perdón, a aprender y a crecer. En este sentido, la culpa es una emoción necesaria y constructiva.

Parálisis debida a la culpa

Se trata de una culpa que no repara ni transforma, sino que paraliza. Una culpa que se instala en el interior como un inquilino que nunca paga el alquiler y nunca se va. Esta culpa no nos dice "puedes hacerlo mejor". Nos dice "eres malo". No señala el acto, sino la persona entera. Y ahí radica la diferencia fundamental que la psicología establece entre la culpa sana y la culpa tóxica.

La culpa tóxica suele tener raíces profundas. A menudo se forma en la infancia, cuando aprendemos que el afecto de los demás depende de nuestro comportamiento, cuando nos enseñan que equivocarse es imperdonable, o cuando cargamos con responsabilidades que nunca nos pertenecieron. Hay personas que crecen sintiéndose culpables de la tristeza de su madre, de los conflictos familiares, incluso de situaciones sobre las que nunca tuvieron ningún control. Y esa mochila emocional puede acompañarles durante décadas.

Culpa crónica

Uno de los grandes engaños de la culpa crónica es que se disfraza de responsabilidad. Quien la sufre cree que sentirse mal es lo correcto, que dejar de sentir culpa equivaldría a no tener conciencia. Sin embargo, fustigarse de manera continua no repara nada ni ayuda a nadie. Solo agota, bloquea y aleja de la posibilidad de cambio real.

¿Cómo distinguir entonces una culpa de otra? La culpa sana es proporcional al daño causado, está orientada a la acción y tiene fecha de caducidad. La culpa tóxica, en cambio, es desproporcionada, se retroalimenta y persiste mucho más allá de lo razonable. La primera nos moviliza; la segunda nos encadena.

Trabajo por hacer

Trabajar la culpa desde la psicología implica, en primer lugar, aprender a diferenciar estas dos formas. Después, desarrollar la capacidad de reconocer el error sin identificarse con él. Equivocarse no define quiénes somos. Implica también cultivar la autocompasión, que no es excusar las propias acciones, sino tratarse con la misma comprensión que ofreceríamos a un amigo que ha cometido el mismo error.

En un episodio anterior se abordo el síndrome de la víctima. ¿Lo escuchaste?

Esto es psicología

La culpa puede ser una puerta hacia el crecimiento personal o una jaula invisible. La diferencia está, en gran medida, en cómo aprendemos a escucharla, comprenderla y, cuando es necesario, dejarla ir.

Esto es psicología. Sentimiento de culpa.