Jugando a la guerra
Santa Cruz de Tenerife
A cien millas de Canarias, se hundirá un buque con munición real. La operación es parte de las maniobras militares que se llevan habitualmente a cabo en el entorno del territorio insular.
Ya se está convirtiendo, de hecho, en parte del paisaje canario la presencia militar: simulacros por tierra, mar y aire; entrenamientos especializados de tropas; ruidosas exhibiciones aéreas; movimientos anfibios; incontables desfiles y numerosos encuentros con la población civil.
Quieren los militares que los canarios sepamos que están y lo que son.
Pero más allá del normal despligue defensivo en unas islas geográficamente estratégicas, asistimos de un tiempo a esta parte a una exaltación de lo armentísitico en Canarias, excesiva en número e intensidad. A esta sobreexposición de lo militar responde la sociedad canaria de tres maneras. O sumándose con entusiasmo a la fiesta como meros espectadores. O rechazando activamente tanta presencia militar. También monstrando una locuaz indiferencia o tibieza, grupo este mayoritario.
Es verdad que el debate sobre si debemos ser plataforma de paz o de guerra es viejo y algo cansino; pero sigue siendo necesario.
Sin embargo, como sociedad y como clase política vivimos como si estas operaciones fueran un inocentes juegos de guerra y no síntomas de algo. La definición de ese "algo" es lo único que no exhiben quienes dirigen nuestra política de Defensa.

Marta Cantero
He trabajado en diversos medios de comunicación de las Islas, tanto en Gran Canaria como en Tenerife,...




