Opinión

Jugando a la guerra

LA MIRADA 29 JUNIO

Santa Cruz de Tenerife

A cien millas de Canarias, se hundirá un buque con munición real. La operación es parte de las maniobras militares que se llevan habitualmente a cabo en el entorno del territorio insular.

Ya se está convirtiendo, de hecho, en parte del paisaje canario la presencia militar: simulacros por tierra, mar y aire; entrenamientos especializados de tropas; ruidosas exhibiciones aéreas; movimientos anfibios; incontables desfiles y numerosos encuentros con la población civil.

Quieren los militares que los canarios sepamos que están y lo que son.

Pero más allá del normal despligue defensivo en unas islas geográficamente estratégicas, asistimos de un tiempo a esta parte a una exaltación de lo armentísitico en Canarias, excesiva en número e intensidad. A esta sobreexposición de lo militar responde la sociedad canaria de tres maneras. O sumándose con entusiasmo a la fiesta como meros espectadores. O rechazando activamente tanta presencia militar. También monstrando una locuaz indiferencia o tibieza, grupo este mayoritario.

Es verdad que el debate sobre si debemos ser plataforma de paz o de guerra es viejo y algo cansino; pero sigue siendo necesario.

Sin embargo, como sociedad y como clase política vivimos como si estas operaciones fueran un inocentes juegos de guerra y no síntomas de algo. La definición de ese "algo" es lo único que no exhiben quienes dirigen nuestra política de Defensa.

Marta Cantero

He trabajado en diversos medios de comunicación...