Estigmas que duelen, sueños que resisten: la vida se abre paso tras la tutela
El desconocimiento alimenta estigmas, tabús y racismo con adultos ex tutelados

El desconocimiento alimenta estigmas, tabús y racismo con adultos ex tutelados
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Santa Cruz de La Palma
Nerea es española, tiene 19 años y procede de una situación familiar complicada. Saidú tiene 20 años y llegó a Canarias en patera procedente de Gambia. Sus historias son diferentes y, al mismo tiempo iguales. Fueron menores que pasaron por centros tutelados. Hoy, mayores de edad, requieren de un apoyo para su emancipación definitiva.
Es ahí donde entra Promerpal, un Porgrama de Menores de La Palma que lleva más de una década trabajando, primero con menores y luego con esos menores una vez alcanzan la edad adulta. Es entonces cuando se abre “un vacío administrativo”.
Lo explica Juani, que está al frente del programa con adultos ex tutelados. Como Educadora Social entró a formar parte de Promepal hace 22 años y asegura que “recibes una gratificación humana, también profesional, pero sobre todo humana”. Ahora está más enfocada al apoyo de esos menores que, de pronto dejan de serlo. Y es que se abre “un vacío administrativo” una vez cumplen la mayoría de edad. Nerea lo explica de una manera muy gráfica: “Un día de duermes siendo menor en un lugar con unas normas y al día siguiente estás en otro lugar con otras normas”. Y es ahí donde radica la importancia de este programa. Tener una alternativa es la diferencia entre el éxito o el riesgo de un fracaso futuro.
Plazas limitadas por el miedo...y el desconocimiento
Cuando se habla de menores tutelados hay que mirar también a los adultos ex tutelados, quienes acaban de cruzar esa frontera legal con la mayoría de edad. Juani habla de “un puente ”. “Me parece igual de importante”, dice Nerea” “como un paso previo a la emancipación, para no quedarte en la calle”. Para ello se hace un seguimiento de los menores bajo tutela. “Buscamos perfiles a partir de los 16 o 17 años”, explica Juani. En el caso de Saidú, “estudiaba, trabajaba, es buen deportista" y eso le hizo entrar entre los ‘seleccionados’.
Hoy, una ver se ha formado, trabaja como Educador en un centro de menores. Y ya se refiere a ellos como “mis menores” a quienes quiere ofrecer las mismas oportunidades que él ha tenido. A Nerea, Juani la llama “la crack”, está estudiando Ciclo Medio de Informática y se agarra a ese ‘puente’ de los pisos para ‘adultos ex tutelados’ donde poder ahorrar y prepararse para ir a otra isla, “quiero ir a la universidad”, explica. Son jóvenes, pero no menores de edad. Están en un limbo administrativo donde las tutelas cesan y se abren las calles sin oportunidades por otros estigmas y tabúes que se alimentan del desconocimiento.
Así lo explica Juani, que entiende que las dificultades de encontrar una vivienda es ya una odisea para muchas personas. Más dificil aún lo es para estos perfiles. Promepal cuenta con cinco pisos en la comarca este y otros cinco en la comarca oeste. Estos últimos han sido difíciles de encontrar, no solo por la demanda (con Promerpal se incrementan las garantías de las reformas necesarias, si las hubiera, y el cobro del alquiler, teniendo al Cabildo detrás como respaldo), sin embargo, “desde que dices menores, tutelados, moritos, negros...a la gente le cuesta entender”. Fue necesario acercarse a una familia (tiene agradecimientos para Vicky y la familia) que, en principio también dudaron. Hasta que conocieron el proyecto “y nos abrieron las puertas”.
El propio Saidu asegura haber experimentado ese racismo “por desconocimiento, aunque también hay gente así”. Una situación contraria a la que él mismo inculca hoy como Educador Social a “mis menores”. Una suerte de “Torre de Babel” donde “venimos de culturas distintas, con costumbres distintas, pero poco a poco nos vamos conociendo y compartiendo y somos una gran familia”.
Sus deseos no son muy diferentes a los de cualquiera, “que podamos tener los sueños que queramos”, dice Saidu. “Poder independizarme” sueña Nerea. Dos jóvenes de 19 y 20 años que de pronto dejaron de ser menores y se vieron a las puertas de un océano administrativo que ahora cubre Promepal bajo el paraguas del Cabildo de La Palma, para no cortar el trabajo realizado durante sus años como menores y garantizar una oportunidad, como para cualquier otra persona, que pueda dibujar un futuro que luego alimenta la sociedad que les acogió, porque el agradecimiento es siempre el final de sus historias.




