Sobre una sanidad estragada
El Enfoque de Francisco Pomares en Hoy por Hoy Tenerife

Santa Cruz de Tenerife
En los últimos años se ha instalado en las islas una idea desconcertante y profundamente desmoralizadora: la sanidad recibe más recursos que nunca, pero funciona peor que antes. El presupuesto sanitario crece de forma sostenida, y es desde hace años la principal partida del gasto público regional. Nunca se había destinado tanto dinero a sanidad. Y, sin embargo, nunca había sido tan generalizada la impresión de colapso.

Esa contradicción erosiona la confianza en el sistema y en quienes lo gestionan. La ciudadanía no percibe la inversión en abstracto. Percibe resultados. Y cuando una persona pasa días en un pasillo de Urgencias por falta de camas, cuando una operación se aplaza una y otra vez, o cuando vivir en una zona concreta implica recorrer muchos kilómetros para recibir atención hospitalaria, la única explicación aceptable es que el sistema no está dimensionado para la realidad social que dice atender. Canarias arrastra déficits históricos en infraestructuras sanitarias y financiación, agravados por el crecimiento demográfico y el envejecimiento de la población. Pero el problema tiene también que ver con una gestión defectuosa. Invertir más no equivale a invertir mejor. El dinero se diluye cuando se destina a sostener un sistema tensionado sin reformarlo, cuando se parchea lo urgente sin resolver lo importante, y cuando se confunde gasto con su planificación.




