Sociedad

“Hay mucho gilipollas”, la impecable conclusión del fotógrafo Rafa Avero

El veterano fotoperiodista ha sobrevivido a diputados acalorados, consejeros histéricos, erupciones volcánicas y auténticas batallas campales

Llegada de la lava del Tajogaite a La Laguna / Rafa Avero

Valverde

Rafa Avero lleva cuatro décadas tratando con políticos y periodistas de todo pelaje. Su conclusión no puede ser más contundente: hay mucho gilipollas. Es una verdad como un templo que ilustra con innumerables anécdotas para partirse de risa. La última, trabajando en el Parlamento de Canarias. Durante la sesión, un conocido gilipollas ordenó cerrar las puertas del hemiciclo para evitar la fuga del aire acondicionado. "¿Cómo quería aquel sujeto, con chaqueta y corbata, que hiciéramos fotos a través de una puerta? Si tenía calor, habría sido mejor quitarse la corbata y la chaqueta, ¿no?", se pregunta el fotoperiodista.

El intento de cerrar las puertas del salón plenario para conservar el aire acondicionado se ejecutó a pesar de las protestas de quienes cubrían la sesión. "Las puertas se van a cerrar; cuando vayan a hacer fotos, las abren y las hacen", le espetó aquel político con mando en plaza. Es una de las cosas favoritas de ese tipo de políticos, entorpecer la labor de informar. “Al día siguiente, Pedro Sánchez le dijo a los diputados en el Congreso que redujeran el aire acondicionado y se quitaran la corbata en favor de la sostenibilidad", dice Rafa. "Toma castaña", pensó, saboreando su pequeña victoria.

La poderosa imagen captada por Rafa Avero durante el Covid en el Parlamento de Canarias / Rafa Avero

Consejeros, científicos y jefes de prensa

Avero ha cubierto numerosas emergencias. "Hace un par de años entré en una reunión iniciada del PEVOLCA (Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias), por una crisis sismovolcánica parecida a la vivida estos días en Tenerife", rememora. "Me expulsaron antes de poder hacer una foto. Una reunión. Solo era una reunión. ¿Qué les llevó a expulsarme y a impedir que les hiciera una foto? El gilipollismo. Porque en este gobierno, y en otros, hay mucho gilipollas", sentencia.

Es un fotoperiodista veterano con un fuerte sentido de la ética: está donde hay noticia e intenta contarla aunque moleste. “El señor consejero… me dijo: ‘¿Qué hace usted aquí? ¡Fuera, fuera de aquí!’”, rememora. Fue expulsado bruscamente del PEVOLCA alegando que la prensa no había sido convocada. “Es que la prensa no espera que nadie la convoque. La prensa va donde hay noticias”, le espetó Rafa a aquel individuo, acostumbrado al vasallaje de un séquito de periodistas que besan el suelo por donde pisa. “Mucho gilipollas, mucho”, prosigue Rafa.

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Toda su trayectoria está acompañada de anécdotas que ilustran tensiones con el poder político, con instituciones y con colegas de profesión. Es muy crítico con el secretismo institucional, la soberbia de parte de la clase política y de ciertas actitudes dentro del propio gremio periodístico. No obstante, es un pan de dios. "Un día me ofrecí a ayudar a un compañero que estaba agobiado porque tenía que escribir muchas notas de prensa. Se rió de mí: un fotógrafo no escribe, me dijo. Al día siguiente, un cero energético dejó a la isla incomunicada y la circunstancia hizo que yo tuviera que escribir la crónica para El País", rememora con orgullo.

Una batalla campal de estibadores

De entre todas las anécdotas, hay una especialmente chiripitifláutica: la huelga de estibadores en la que padre, hijo y hermano acabaron en bandos opuestos. Rafa cubría los disturbios. Entre la niebla del humo y el ruido de la protesta, distinguió primero a su padre, José Avero, entre los estibadores, manifestándose como uno más. Y cuando levantó la vista hacia la línea policial, reconoció a uno de los guardias civiles que estaba lanzando botes de humo: su hermano, José Lucas Avero.

La fotografía tomada aquel día por Rafa Avero / rafa avero

“Ahí estábamos los tres, cada uno cumpliendo su labor”, explica. "La cena de Navidad este año no me la pierdo”, pensó en ese momento. Una forma elegante de encajar la tensión, la paradoja y la crudeza humana de ver a su propia familia en lados opuestos de un conflicto mientras él permanece como el eterno testigo, cámara en mano. Comenzó en Canarias 7 en el año 1982, trabajó décadas fotografiando para El País, La Provincia, EFE e incluso Cambio 16. La mayor parte del tiempo ha sido freelance, es decir, un buscavidas.

Las miserias del volcán palmero

Aunque su tono es irónico y su conversación amable, Rafa es un hombre profundo. Reflexiona sobre el sentido del fotoperiodismo: contar historias, no solo hacer fotos bonitas. Ha escrito 'La secta del volcán', una distopía profundamente irónica donde científicos, periodistas, políticos corruptos y empresarios viven, cada uno desde su perspectiva, la crisis sismovolcánica de La Palma. En la obra, los servicios de inteligencia y un creativo asesor publicitario complican la prevista erupción del volcán.

Durante aquellos días terribles, a La Palma llegaron un sinnúmero de “perio-caidistas”, despojados de toda ética, atraídos por un volcán que daba muy bien en cámara. Llegaron también muchos fotógrafos, pero pocos fotoperiodistas. Rafa es uno de ellos. La foto que le hizo a Alba, una científica de INVOLCAN (Instituto Volcanológico de Canarias) equipada con un horcón de platanera que recogía muestras junto a un río de lava con una máscara de soldar, cuenta una historia: la precariedad de los científicos canarios.

La impresionante fotografía de Alba tomada por Rafa Avero durante la erupción / Rafa Avero

Aunque la foto llegó a ser portada de GEO, muchas cabeceras, por el contrario, eligieron imágenes “preciosistas” en las que los científicos parecen astronautas en un planeta lejano. “La foto que yo hice estaba contando la precariedad real y humana de una científica canaria jovencísima, con una máscara de soldador y un horcón”, explica Rafa. Son las miserias de esta profesión en la que abunda tanto gilipollas. Una profesión que Rafa Avero sabe ejercer como muy pocos.

Javi Rodríguez

(La Palma, 1991) Periodista vinculado a la Cadena...