Sobre el terremoto de ayer
El Enfoque de Francisco Pomares en Hoy por Hoy Tenerife

Santa Cruz de Tenerife
Un terremoto de magnitud 4,1, a diez kilómetros de profundidad, se dejó sentir ayer con claridad en varios municipios de Tenerife y del norte de Gran Canaria. Nada grave. Intensidad entre 3 y 4 sobre 12. Es decir: susto y cero daños. Y conviene repetirlo porque en cuanto la tierra tiembla, la imaginación corre más rápida que las ondas sísmicas. Los científicos insisten en que este terremoto no tiene ninguna relación con la actividad que se viene registrando en Las Cañadas, aunque si con varios temblores menores producidos a principios de febrero en la zona de mar entre Tenerife y Gran Canaria. En el pasado se vivieron episodios parecidos, y de mayor enjundia. En 1989 ya hubo un seísmo de 5,2, que algunos chicharreros recordamos como El crujido. Se produjo en las primeras horas de sueño, despertó a mucha gente y metió miedo a la gente. En 2019, otro sismo de 4,4 pasó más desapercibido. La zona es un punto activo donde confluyen varias fallas submarinas, ajustes geológicos entre islas e incluso la presencia del Volcán de Enmedio.

De momento, nada indica un escenario inquietante. Aunque la conspiranoia no ceja, la única verdad es que vivimos sobre islas volcánicas, donde la tierra, a veces, nos recuerda que está viva. La mejor respuesta frente a la inquietud es la información y la tranquilidad.




