Celia, conductora de guaguas: cómo abrir camino en un oficio tradicionalmente masculino

Celia, conductora de Guaguas municipales pone en valor su experiencia en el sector
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Las Palmas de Gran Canaria
En la cochera de Guaguas Municipales, en El Sebadal, Celia comienza su jornada como cualquier otro conductor. Pero su historia no es una más dentro del transporte público de Las Palmas de Gran Canaria. La suya es también la de muchas mujeres que han tenido que abrirse paso en un sector históricamente dominado por hombres.
Celia lleva el transporte prácticamente en la sangre. Su madre trabajaba en el comercio con un puesto en Merca Las Palmas y en el Mercado de Vegueta y su padre fue taxista, llegando incluso a crear su propia empresa de transporte. Ambos tenían casi todos los carnés de conducir posibles. Su madre, sin embargo, no pudo obtener el de guaguas porque estaba embarazada de ocho meses cuando se presentó la oportunidad. Celia sí decidió perseguir ese sueño hasta el día de hoy.
Un camino lleno de obstáculos
Cuando consiguió el carné de guagua en 2004 comenzó a repartir currículums por empresas de transporte. La respuesta se repetía constantemente: pensaban que buscaba trabajo como acompañante escolar e "incluso llegaron a tirar mi currículum conmigo delante", afirma. Pero ella tenía claro que quería conducir.
"Era otra época", reconoce, y "a muchas mujeres nos costó mucho abrirnos paso en el sector". Aun así, no se rindió. En septiembre de 2005 comenzó a trabajar en el transporte de viajeros. Durante años tuvo que demostrar mucho más que otros compañeros.
En otra empresa en la que trabajó durante 14 años, explica, las mujeres solían quedarse "únicamente con los microbuses mientras los hombres recién llegados recibían vehículos más grandes". Con el tiempo logró ganarse la confianza de la empresa y conducir guaguas mayores, pero el camino no fue fácil. “Había que demostrar el 200% por ser mujer”, resume.
Igualdad en Guaguas Municipales
En junio de 2019 Celia comenzó a trabajar en Guaguas Municipales y desde entonces, asegura sentirse "tratada en igualdad de condiciones".
“Yo no quiero ser más que nadie, quiero igualdad para todos”, explica. En la empresa pública, afirma, las condiciones laborales, el sueldo y el trato son iguales para hombres y mujeres.
Actualmente, las mujeres representan alrededor del 12% de la plantilla de conductores, unas 67 profesionales. Una cifra que aún es pequeña, pero que poco a poco sigue creciendo. El objetivo, dice Celia, "no es superar a los hombres sino alcanzar un equilibrio real".
“Me gustaría que algún día fuera 50-50. Que a quien le guste esta profesión pueda ejercerla, independientemente de si es hombre o mujer”.
Aunque la situación ha mejorado, reconoce que todavía escucha comentarios por el hecho de ser mujer. Recuerda especialmente una anécdota al inicio de su carrera: durante una excursión con personas mayores, una pasajera se negó a creer que ella era la conductora del autobús. La mujer le preguntó varias veces dónde estaba “el chófer”, convencida de que Celia debía ser “la novia del conductor”. Finalmente, decidió subirse a otro vehículo.
Situaciones como esa, explica, siguen ocurriendo, aunque cada vez menos entre las generaciones más jóvenes.
Vocación por el trabajo
A pesar de todo, disfruta de su trabajo. Cada día se levanta con la intención de hacerlo lo mejor posible y llevar a los pasajeros a su destino con seguridad. Con la radio puesta cuando puede y enfrentándose a un pasaje cada vez más exigente, continúa conduciendo con la misma ilusión que cuando decidió seguir los pasos de su padre. Pero si hay una figura que marca su trayectoria es su madre. Ella es, dice Celia, su mayor ejemplo.
Y también una de las razones por las que decidió no rendirse nunca en el camino.




