Gustavo ya no se despide: la historia de un amor que se resiste a separarse al final de la vida
Tras meses dejando a su mujer con Alzheimer en un centro sociosanitario, Gustavo logra ingresar para vivir junto a ella: “Es el día más feliz de mi vida”

Gustavo y Mari Carmen dormirán juntos en El Pino
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Las Palmas de Gran Canaria
Gustavo ya no tendrá que decir adiós cada tarde. Durante meses, su vida ha estado marcada por una rutina tan sencilla como dolorosa: entrar al centro sociosanitario El Pino, sentarse junto a su mujer, Mari Carmen, acompañarla durante unas horas y, cuando el tiempo se agotaba, marcharse solo a casa. Ella, con Alzheimer, se quedaba dentro. Él, fuera. Y así, día tras día, repitiendo una despedida que, con el tiempo, se hizo cada vez más difícil de soportar. “Se me partía el alma cada vez que me iba”, confesaba. A ello se unía también un coste económico, puesto que "me dejo 750 euros al mes en taxis".
Nunca dejó de ir. Ni un solo día. La visita se convirtió en su forma de sostener una vida en común que la enfermedad había interrumpido por primera vez en décadas. Porque Gustavo y Mari Carmen son una pareja con historia. Se conocieron siendo apenas unos adolescentes, con 14 y 17 años, y desde entonces han compartido toda una vida juntos. Incluso en los momentos más duros, como los años de la guerra, cuando las cartas que él enviaba eran revisadas antes de llegar. “No podía contar lo que estábamos pasando”, recuerda. Aun así, ella esperaba. “Cuando volví, se colgó de mi cuello”. Ese gesto, el de no soltarse, ha atravesado toda su historia.
Hasta que llegó la enfermedad. El avance del Alzheimer obligó al ingreso de Mari Carmen en el centro sociosanitario, rompiendo una convivencia de toda la vida. Desde entonces, Gustavo asumió una nueva rutina: la de acompañar sin poder quedarse. Pasaba horas a su lado, hablándole, cuidando cada detalle, alargando el tiempo todo lo posible antes de enfrentarse al momento más duro: marcharse. “Era muy triste”, reconocía. “Pero tenía que hacerlo”.
Su historia terminó llegando a la radio, donde se puso voz a esa realidad cotidiana y se lanzó una pregunta directa: por qué una pareja que ha vivido siempre unida tenía que separarse precisamente en esta etapa final. A partir del aviso de Gustavo en SER Las Palmas, se activaron los mecanismos administrativos. El Cabildo de Gran Canaria y los equipos sociales del centro iniciaron los trámites para estudiar su situación y valorar su ingreso.
Según explica la consejera de Política Social, Isabel Mena, el caso requería una respuesta ágil: “Gustavo era una persona conocida en el centro porque no se había separado de su mujer desde que ingresó”. Desde el momento en que manifestó su voluntad de ingresar, añade, “ha habido un trabajo intenso por parte de los trabajadores del Cabildo y del propio centro para ayudarle con un trámite administrativo que a veces es tedioso y que una persona mayor no puede hacer sola”.
El proceso, que en otras circunstancias puede prolongarse, se aceleró. “Lo hemos hecho lo más rápido que hemos podido porque entendíamos que esto iba a ser bueno no solo para Gustavo, que aquí va a estar bien y atendido, sino sobre todo para Marie Carmen”, subraya Mena. “El hecho de que esté con él va a suponer una mejora importante en su calidad de vida”.
Finalmente, se logró. Gustavo ha ingresado en el mismo centro donde reside su mujer y podrá vivir junto a ella. “Es el día más feliz de mi vida”, dice con la voz emocionada. “Por fin puedo estar con mi mujer, con mi compañera de vida”. Hoy, las lágrimas son distintas: “son lágrimas de alegría”, insiste. Después de tanto tiempo saliendo por esa puerta en soledad, esta vez ha entrado para quedarse. “Lo más importante de mi vida es estar con ella”, afirma.
Desde el Cabildo recuerdan que este tipo de reunificaciones se intentan facilitar siempre que ambos miembros de la pareja cumplen los criterios de dependencia, aunque reconocen que la falta de plazas sociosanitarias sigue siendo un reto. “Siempre que las parejas tienen ese derecho, intentamos que no se separen al final de su vida”, señala la consejera.
La de Gustavo y Mari Carmen es una de esas historias que no necesitan grandes explicaciones. Después de toda una vida juntos, él ya no tendrá que girarse para marcharse ni dejarla atrás al caer la tarde. “Ahora soy yo el que se agarra a ella”, dice.




