La charca de Maspalomas, tras la borrasca Therese: un ecosistema que se "resetea"
La borrasca ha roto su equilibrio, abre el sistema al mar y activa una transformación que aún está en marcha
La charca de Maspalomas sufre un "reseteo" con el paso de la borrasca Therese
Las Palmas de Gran Canaria
La charca de Maspalomas ya no es exactamente la misma. Aunque a simple vista esté recuperando su imagen habitual, lo cierto es que la borrasca Therese ha provocado un cambio profundo en uno de los ecosistemas más singulares de Canarias.
Durante el episodio de lluvias, el barranco de Maspalomas volvió a correr con fuerza, elevando el nivel del agua hasta romper la barra de arena que separa la charca del mar. Ese momento, poco frecuente, abrió el sistema y permitió el intercambio directo con el océano, alterando de forma significativa su equilibrio.
Lejos de ser un fenómeno puntual, lo ocurrido ha supuesto una auténtica renovación del sistema. Según explica Roberto Castro, fundador de Fénix Canarias, lo que se ha producido es una especie de “reseteo”, en el que “han entrado nuevos sedimentos y materia orgánica, y se ha generado una renovación importante del agua”.
Ese movimiento no solo implica cambios visibles, sino también transformaciones en la base del ecosistema. Parte de los sedimentos acumulados durante años han sido arrastrados hacia el mar, mientras que otros nuevos se han depositado, modificando las condiciones del fondo y la composición del agua.
Sin embargo, el proceso no ha terminado con la borrasca. De hecho, ahora comienza una fase igual o más relevante. El agua caída durante esos días sigue infiltrándose lentamente desde el interior de la isla, alimentando la charca de forma constante. “Se va a seguir produciendo infiltración y el aporte de agua dulce continuará durante un tiempo”, señala Roberto, lo que tendrá consecuencias directas sobre la salinidad y la dinámica del ecosistema .
Este aporte progresivo de agua dulce genera un escenario distinto al habitual, más rico en nutrientes y con mayor potencial de cambio. Y en ese nuevo contexto, la incertidumbre es alta.
La apertura al mar no solo permitió la salida de agua, sino también la posible pérdida de especies que no resistieron la corriente o el brusco cambio de condiciones. Al mismo tiempo, también pudo facilitar la entrada de nuevos organismos procedentes del océano. Un proceso que, según explica la investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Inma Herrera, del Instituto Universitario Ecoaqua, aún está por definirse: “Puede haber entrado fauna nueva, pero si no encuentra condiciones adecuadas, no se va a mantener en el tiempo” .
En este equilibrio inestable, hay sin embargo una especie que continúa marcando el ritmo del ecosistema: la tilapia. Este pez invasor, de Mozambique, presente desde hace años en la charca, ha demostrado una gran capacidad de adaptación. “La tilapia sigue estando y es muy resiliente, además se reproduce muy rápido”, advierte Herrera, lo que complica su control incluso tras un episodio de estas características .
De hecho, ya se han detectado indicios de su reproducción en el fondo de la charca, donde construye sus nidos, lo que confirma que su presencia seguirá condicionando la evolución del ecosistema.
Pese a ello, no todo son amenazas. La renovación del agua y el aumento de nutrientes también han incrementado la actividad biológica. Esto se traduce, por ejemplo, en una mayor presencia de aves, que encuentran en la charca un espacio favorable para alimentarse y descansar durante sus rutas migratorias. “Se está viendo más diversidad de aves, es un momento interesante para observar la charca”, apunta Roberto .
Para la comunidad científica, lo que está ocurriendo representa una oportunidad única para estudiar cómo responde un ecosistema de estas características ante un cambio brusco. La existencia de datos previos y el seguimiento actual permitirán analizar con mayor precisión su evolución en los próximos meses.
Aun así, los expertos coinciden en una idea clave: no hay respuestas inmediatas, habrá que hacer seguimiento de la situación con próximos estudios. La Charca de Maspalomas ha entrado en un proceso de transformación que llevará tiempo. Lo que hoy parece una alteración puntual es, en realidad, el inicio de una nueva fase cuyo desenlace aún está por escribir.
Porque, aunque el paisaje haya recuperado su apariencia de calma, bajo la superficie el ecosistema sigue reajustándose, buscando un nuevo equilibrio tras el impacto de la borrasca.