Juan de Espina, el enigmático coleccionista que guardaba en su casa los códices de Leonardo Da Vinci
De origen cántabro, atesoró todo tipo de inventos y artefactos como la 'silla mundi'

Juan de Espina y Velasco, el enigmático coleccionista cántabro que guardaba en su casa los códices de Leonardo Da Vinci
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Santander
Juan de Espina y Velasco (1583), nació y vivió en Madrid, pero es reivindicado en Cantabria por sus raíces y por la extraordinaria relevancia que alcanzó en la corte del siglo XVII.
En la sección 'Cantabria en Persona' del programa A Vivir Cantabria, Juan Carlos Cabria rescata la figura de este erudito y excéntrico del Siglo de Oro que custodió manuscritos con inventos de Leonardo Da Vinci y reunió autómatas, espejos y otros artefactos que asombraron a toda Europa.
Su origen cántabro
Aunque nació en Madrid, los orígenes de Juan de Espina y Velasco se localizan en el municipio cántabro de Ampuero. Su padre pertenecía a una familia de hidalgos oriunda de esta localidad, donde fundó mayorazgo y dispuso de cuantiosos beneficios generados por rentas y juros.
Como cabeza del mayorazgo disfrutó de la casa familiar y de capilla propia en la iglesia de Santa María. El hermano de Juan de Espina, Diego, fue el primogénito y como tal residió en Ampuero donde llegó a ser procurador general y consiguió la concesión del hábito de la orden de Santiago en 1624.

Museo Torre Mágica de Espina situado en Ampuero. / Ayuntamiento de Ampuero

Museo Torre Mágica de Espina situado en Ampuero. / Ayuntamiento de Ampuero
Museo en Ampuero
En Ampuero se conserva la torre cuadrangular de tres pisos que formó parte de un recinto palaciego propiedad de la familia y que en la actualidad forma parte del patrimonio municipal.
La Torre de Espina fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de monumento, en el año 1994. Junto con la portalada de acceso y el rehabilitado molino de Mizcardón, también conocido como de Santiago, forma parte de uno de los complejos histórico-artístico más destacados de Cantabria.
El interior de esta construcción medieval ha sido convertido en un espacio museístico dividido en diferentes espacios y dedicado principalmente a reconocer la figura de Don Juan de Espina y Velasco.
Manuscritos de Leonardo da Vinci
Su casa en el centro de Madrid se convirtió en un enclave secreto y fascinante, donde Espina atesoraba ingenios, libros, cuadros y autómatas. Pese a su fama, “cultivaba pocas amistades” y llevaba una vida reservada, entre estudios eclesiásticos, matemáticas y una fortuna que volcó en su colección.
Una de las piezas más valiosas de su gabinete fueron los códices de Leonardo Da Vinci, manuscritos que recogían parte de sus inventos y reflexiones. Según relata Cabria, cuando el príncipe de Gales visitó España en torno a 1634, “uno de sus objetivos, aparte del matrimonio, era comprarle a Juan de Espina los códices de Leonardo y no se los vendió”.
Cabria subraya la magnitud de aquella custodia: tener en una vivienda privada textos técnicos y visionarios del genio renacentista —con diseños de autómatas, artefactos y estudios científicos— explica buena parte de la leyenda de Espina y su reputación como nigromante entre quienes no entendían la ciencia de su tiempo.
Biblioteca Nacional
A su muerte, Juan de Espina dejó su colección, incluidos los manuscritos de Leonardo Da Vinci (Códice Madrid I y Códice Madrid II), al rey Felipe IV y actualmente están custodiados en la Biblioteca Nacional de España.
Pero aquí no acaba la historia, ambos manuscritos aparecen citados por el bibliotecario mayor de la Real Biblioteca, Francisco Antonio González, a principios del siglo XIX; pero un error en su signatura provocó que se extraviaran durante 150 años.
El 14 de febrero del año 1967, el diario New York Times anunció el hallazgo de unos manuscritos perdidos de Leonardo da Vinci en la Biblioteca Nacional de Madrid.
El doctor Jules Piccus, experto en literatura castellana medieval de la Universidad de Massachusetts, buscaba cancioneros cuando topó con un hallazgo inesperado: dos gruesos volúmenes encuadernados en tafilete, con un formato de 22,2 por 15,5 centímetros.
Una nota en caligrafía española del siglo XVIII le puso sobre aviso: “Tratados de fortificación, mecánica y geometría de Leonardo da Vinci, pintor famoso”. Tras siglo y medio de olvido en los depósitos de la Biblioteca Nacional, se había recobrado la pista de estos valiosos documentos del maestro florentino.
La silla mundi
Otro de los tesoros de la colección de Juan de Espina, apunta Cabria, es la enigmática silla mundi o silla peregrina, descrita por Francisco de Quevedo y otros autores.
Las teorías apuntan a una silla giratoria con espejos para observar constelaciones o a un dispositivo instalado en una caja negra que proyectaba imágenes.
En su gabinete, además, se hablaba de un peso capaz de medir el ala de una mosca, espejos deformantes, autómatas de madera e incluso piezas fantásticas como la “calavera de duendes”.
Cabria recuerda que “se decía que no tenía criados, porque todos sus criados eran autómatas”, y que sus fiestas podían ofrecer 300 platos y espectáculos mecánicos, como un león autómata que en una ocasión falló ante el rey y el Conde-Duque de Olivares.
Visitado por reyes y extranjeros
La casa de Espina atrajo a visitantes de toda Europa. Francisco de Quevedo lo dejó escrito con admiración: “Su casa fue durante años abreviatura de las maravillas de Europa, para gran honra de nuestra nación, visitada por los extranjeros que, de España, no hablaban de otra cosa más que de su recuerdo.”
La celebridad contrastaba con su hermetismo personal y alimentaba rumores de sortilegios en un tiempo en el que la tecnología y la ciencia se confundían con la magia. Espina acabaría topándose con la Inquisición, que le obligó a moverse por ciudades como Trujillo o Sevilla para sortear pesquisas.
Legado y el enigma
Su testamento ordenaba enterrarlo en la parroquia de San Martín (Madrid) con el ataúd que guardaba bajo su cama, para evitar que se removieran sus restos. La demolición del templo en tiempos de José Bonaparte terminó de envolver su memoria y su tumba en el misterio.
Para Juan Carlos Cabria, rescatar a Espina es una forma de reivindicar la tradición científica y curiosa de Cantabria: “Abrimos a la gente personajes que quizá no conocen. Juan de Espina fue uno de ellos, y su historia nos recuerda que aquí guardamos piezas clave que deslumbraron a Europa.”

Conchi Castañeda
Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Redactora de cadena...




