Mariana de Brito, una mujer al frente de la mayor fábrica de España en el siglo XVII
Durante tres décadas dirigió la Real Fábrica de Artillería de La Cavada que suministraba los cañones al Imperio español

Mariana de Brito, una mujer al frente de la mayor empresa del Imperio español en el siglo XVII
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Santander
En pleno siglo XVII, cuando el papel de la mujer estaba estrictamente limitado al ámbito doméstico, Mariana de Brito (1607-1674) rompió todos los moldes al ponerse al frente de una de las empresas más estratégicas del Imperio español: la Real Fábrica de Artillería de La Cavada (Cantabria).
En la sección 'Cantabria en Persona' de la cadena SER, el profesor e historiador, Juan Carlos Cabria, rescata la historia de una mujer tan relevante como desconocida. “Estamos hablando de negocios, de economía y de una mujer, y esta mezcla prácticamente no existía en el siglo XVII”, subraya.

Cañón que se conserva en el Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada.

Cañón que se conserva en el Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada.
Su biografía
Nacida en Madrid en 1607, Mariana pertenecía a una familia acomodada, vinculada a los intereses de la Corona española en Flandes. Cultivada, con acceso a la lectura, la escritura y el arte, su destino acabaría ligado a Cantabria por una sucesión de alianzas matrimoniales y empresariales que la situaron en el centro de la gran industria armamentística del país.
En 1633 contrajo matrimonio con Juan de Olivares, hijo de Miguel de Olivares, natural de Cantabria y relevante funcionario en Flandes. Una alianza matrimonial favorecida por ambas familias porque suponía una concentración de patrimonio y un reforzamiento de poder.
Tras enviudar, abandona Madrid para instalarse en Cantabria y un año después se casa con Jorge de Bande, propietario de la Real Fábrica de Artillería de la Cavada y Liérganes, la empresa más importante del reino que llegó a producir hasta mil cañones anuales con destino a la marina y al ejército.
Los orígenes de la fábrica
Los orígenes de la Real Fábrica de Artillería de Liérganes se remontan a comienzos del siglo XVII cuando un industrial belga, Jean Curtius, proveedor de pólvora y municiones de los ejércitos españoles, se ofrece para construir una moderna fábrica de armamento en la península ibérica que garantice la autonomía en materia de defensa.
Por entonces, España solo sabía hacer cañones de bronce, carísimos y poco fiables, y gastaba fortunas comprando a los ingleses lo último en armamento: cañones de hierro colado.
En 1617, Curtius llega a Liérganes (Cantabria), donde había una ferrería y excelentes canteros además de todo lo necesario para su proyecto: un río más que idóneo para aprovechar su fuerza hidráulica, cantidades industriales de mineral de hierro, abundante piedra caliza y extensos robledales, encinares y hayedos para hacer carbón. A pocos kilómetros, los reales astilleros de Colindres y Guarnizo y el puerto de Santander.
En 1622, el rey Felipe IV autorizó la puesta en marcha en Liérganes de los primeros altos hornos de la península ibérica, el objetivo producir los cañones de hierro que demandaba la Corona.
La materialización del proyecto fue costosa, Curtius se vio obligado a endeudarse y finalmente vender las instalaciones a un grupo de empresarios flamencos, entre los que se encontraba Jorge de Bande.
Ese grupo empresarial pronto se disuelve y Jorge de Bande, de origen luxemburgués, asume en 1631 la propiedad y dirección de la fábrica de Liérganes que pronto se queda pequeña para asumir toda la producción que demanda la Corona de España.
A partir de 1635 se ponen en marcha dos nuevos altos hornos a tres kilómetros de la fábrica de Liérganes, en lo que hoy en día es el pueblo de La Cavada, municipio de Riotuerto. Las instalaciones están dotadas de la más moderna tecnología y consiguen multiplicar por seis la producción de cañones.
A partir de entonces, la Real Fábrica de Artillería de La Cavada se convierte en la referencia única para el conjunto de instalaciones fabriles repartidas por distintos puntos.
Mariana se pone al mando
En 1643 fallece Jorge de Bande y su esposa, Mariana de Brito, se convierte en heredera única y universal. De esta forma, toma el mando el mando de la fundición operada por los técnicos flamencos (cerca de setenta familias se asentaron en la zona) y alcanzando altos rendimientos.
La importante fortuna que Jorge de Bande aglutinó durante su vida levantó recelos y envidias entre la alta sociedad. Según recoge Montserrat Cubría en un trabajo de investigación realizado en torno a la figura de Mariana de Brito: "con la excusa de un supuesto incumplimiento de contrato, la Hacienda real la reclamó, en concepto de deuda, 40.000 reales más unos intereses exorbitantes".
Todos sus bienes fueron sometidos a intervención judicial y sacados a pública subasta. A Mariana de Brito le llevó siete años recuperar el sitio de La Cavada, para lo cual tuvo que pagar, pleitear, recurrir y demostrar la limpieza de sangre de sus hijos.
"Era inconcebible que una mujer tuviera el poder absoluto sobre una empresa que abastecía de cañones a la Armada”, explica Cabria. Mariana litigó para recuperar lo que consideraba suyo y lo logró.
No solo eso, sino que dirigió la fábrica durante tres décadas en uno de sus momentos de mayor esplendor, aunque durante siglos se intentó ocultar su protagonismo atribuyendo la gestión a sus hijos varones, que entonces eran menores de edad. “Si miramos las fechas, uno de ellos tenía solo nueve años. Era evidente quién estaba al mando”, apunta.
Se trata de una mujer olvidada por los libros de historia, de la que apenas hay registros, no hay fotografías, pero que supuso un importante adelanto en una época en la que la industria armamentística era esencial para la prosperidad del país.
26.000 cañones
La importancia de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada va mucho más allá de la biografía de Mariana de Brito. Fundada en 1622, a partir de las primeras instalaciones de Liérganes impulsadas por empresarios flamencos como Jean Curtius, se convirtió en la primera gran siderurgia y fábrica de armamento de España, activa hasta 1835.
Desde sus altos hornos salieron la mayoría de los cañones de hierro destinados a la Armada española y defendieron puertos y fortalezas de Europa, América y Asia, contribuyendo decisivamente al dominio marítimo del Imperio.
Las cifras impresionan aún hoy: 26.000 cañones útiles fabricados, 20 millones de jornales pagados, 300.000 toneladas de mineral de hierro, 250.000 toneladas de carbón vegetal, y el consumo de unos 10 millones de árboles, transportados en buena parte gracias al histórico resbaladero de Lunada.
“Estamos hablando de una auténtica multinacional del armamento en la Edad Moderna”, resume Cabria.
Museo de La Cavada
Pese a la magnitud de su obra, Mariana de Brito ha sido sistemáticamente relegada en los relatos históricos, mencionada casi siempre como “mujer de”, “viuda de” o “madre de”, y no como la empresaria y gestora que fue. Hoy, investigaciones académicas y trabajos divulgativos están comenzando a devolverle el lugar que merece.
El legado de aquella industria y de quienes la hicieron posible se conserva en el Museo de la Real Fábrica de Artillería de La Cavada, gestionado por la Asociación de Amigos del Museo, que desde hace años trabaja para divulgar uno de los episodios más relevantes —y menos conocidos— de la historia industrial de España.

Conchi Castañeda
Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Redactora de cadena...




