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UNATE Torrelavega presenta esta tarde un estudio de investigación en torno al 'Ojancu'

Iván Díaz San Millán ha reconstruido el mito del hombre de los ojos y su relación con el solsticio de invierno

El Ojancu, el hombre de los ojos. / SEO Cadena SER

El Ojancu, el hombre de los ojos.

Torrelavega

Una investigación etnográfica desarrollada por el historiador, paleontropólogo y etnográfico, Iván Díaz San Millán, ha permitido documentar y reconstruir el mito del 'Ojancu', el hombre de los ojos, una figura de la tradición oral cántabra vinculada al solsticio de invierno y al simbolismo del paso del tiempo.

El autor presentará los resultados de la investigación en una conferencia promovida por UNATE Torrelavega este jueves 29 de enero, a partir de las cinco de la tarde, en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Minas.

El trabajo está basado en entrevistas de campo y en la metodología de la mitología comparada, revela el profundo sustrato pagano de este personaje, cuya memoria ha pervivido de forma fragmentaria hasta nuestros días.

La investigación se ha llevado a cabo a partir de testimonios recogidos en localidades como Bodia, San Vicente de León, San Felices de Buelna, La Montaña (Torrelavega), Laredo y Aguilar de Campoo, entre otros enclaves de la geografía cántabra.

En total, se han documentado siete informantes cuyas aportaciones han permitido reconstruir un mito que nunca aparece completo en la tradición oral, sino disperso en recuerdos parciales y versiones diversas.

Cómo es el Ojancu

Según los resultados del estudio, explica el autor, el Ojancu es una figura mitológica de carácter bifrontal: por un lado, se le describe como el hombre que tiene tantos ojos como días tiene el año; por otro, como el hombre que posee más ojos que días tiene el año.

Esta doble naturaleza simbólica remite al final del ciclo anual y al nacimiento del nuevo, expresando la muerte del año viejo y el renacer del nuevo ciclo estacional.

El mito se sitúa en torno a las fechas del 30 y 31 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, el día más corto del año. En ese momento simbólico, el sol “muere” para volver a renacer progresivamente hasta el solsticio de verano. En algunas versiones, el Ojancu va cerrando un ojo por cada día que pasa, hasta llegar al último día del año con un solo ojo abierto, reforzando así la idea del tránsito del tiempo.

Solsticio de invierno

Uno de los testimonios clave procede de Vicente González, vecino de Bodia, quien recuerda cómo se advertía a los niños de la llegada del Ojancu en Nochevieja: si se portaban bien, recibirían regalos; si se portaban mal, el personaje se los llevaría.

Esta función disciplinaria y pedagógica aparece reiteradamente en los relatos recogidos, lo que permite identificar una doble funcionalidad social del mito en los siglos XIX y XX: por un lado, regular el comportamiento infantil y, por otro, transmitir de forma simbólica el concepto del paso del tiempo.

El estudio se apoya también en la mitología comparada, encontrando paralelismos claros con figuras de otras tradiciones. En la mitología vasca, por ejemplo, aparece el Ujanko, recogido por el antropólogo José Miguel de Barandiaran, un ser con tantos ojos como días tiene el año y con funciones similares al Ojancu cántabro.

El Olentzero

Asimismo, se establece una relación con el Olentzero, que en algunas tradiciones contaba con 365 o 366 ojos. Estas similitudes refuerzan la antigüedad y la extensión de este tipo de creencias en el ámbito cantábrico y atlántico.

Algunos informantes aportaron además variantes del mito que evidencian su degradación progresiva con el paso del tiempo: en ciertos casos, los ojos se sustituyen por dientes, narices u orejas; en otros, el relato pierde su carga simbólica y queda reducido a una broma o amenaza infantil. Aun así, estos fragmentos han resultado fundamentales para completar la segunda cara del mito y comprender su evolución.

La investigación plantea como hipótesis que el Ojancu podría tener su origen remoto en el dios celta Dagda, una divinidad asociada al tiempo, los ciclos naturales y la renovación, propia de la religión pagana de los antiguos cántabros prerromanos. Esta propuesta se formula con la prudencia habitual en este tipo de estudios, pero encuentra apoyo en los paralelismos simbólicos detectados.

En la conferencia prevista para esta tarde se presentarán audios originales de los informantes, intercalados con explicaciones que permiten al público comprender cómo se reconstruye un mito a partir de la investigación etnográfica y la comparación con otras tradiciones europeas.

En conjunto, esta investigación contribuye a rescatar y poner en valor el patrimonio inmaterial de Cantabria, recuperando un relato ancestral que conecta el calendario, la naturaleza y la memoria colectiva, y que forma parte de las raíces culturales más profundas de la región.

Conchi Castañeda

Conchi Castañeda

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Redactora de cadena...

 

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