Los docentes que sostienen la escuela de Cantabria cuando todo tiembla
Beatriz Cabezón y Blanca Saldaña explican en en Hoy por hoy Cantabria la desconocida labor del profesorado de Servicios a la Comunidad
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Dos profesoras de servicio a la comunidad de Cantabria nos cuentan en A vivir Cantabria en que consiste su trabajo.
Santander
Adecuar las necesidades educativas del alumnado, prevenir el absentismo y el fracaso escolar, mediar con las familias, detectar situaciones de riesgo social o coordinar recursos con servicios sociales y sanitarios. Son algunas de las funciones que realiza el profesorado de Servicios a la Comunidad, un perfil clave en los centros educativos de Cantabria, pero todavía poco conocido fuera de la comunidad educativa.
Beatriz Cabezón y Blanca Saldaña, profesoras de Servicios a la Comunidad en dos institutos de Cantabria, han pasado por los micrófonos de la Cadena SER para explicar una labor que va mucho más allá del aula y que, en muchas ocasiones, se convierte en el principal sostén de alumnos y familias en situaciones muy complejas.
“Somos profesoras, aunque a veces no se nos identifique como tal”, explica Cabezón. Este perfil docente trabaja en tres ámbitos diferentes: en ciclos de Formación Profesional, dentro de los departamentos de orientación en Secundaria y en los equipos de orientación que atienden Infantil y Primaria. Una versatilidad que, según reconocen, también contribuye a que su papel resulte difuso para buena parte de la sociedad.
De llevar un instituto a dividirse en 7 colegios
Las diferencias entre trabajar en Secundaria o en Infantil y Primaria son notables. Blanca Saldaña desarrolla su labor en un único instituto, el IES Nuestra Señora de los Remedios, en Guarnizo. Esa presencia continuada le permite realizar un seguimiento cercano del alumnado. “Los ves entrar, los ves salir, conoces cómo se relacionan en el recreo. Eso te da muchísima información de primera mano”, señala.
En cambio, Beatriz Cabezón trabaja en un equipo de orientación que da cobertura a hasta 7 centros educativos en la zona de Camargo, junto con otras tres profesoras "y media", atienden los 20 colegios que tiene el municipio. “Solo en desplazamientos se va muchísimo tiempo. Y cuando surge una situación grave, no se puede esperar quince días a volver al centro”, lamenta.
Esta limitación condiciona la profundidad del seguimiento, especialmente en los casos más delicados, donde la intervención temprana es clave.
Vulnerabilidad en todas sus formas
¿Qué ven en su día a día? La respuesta es clara: “Vemos de todo”. Desde situaciones de absentismo, acoso escolar o dificultades de convivencia, hasta problemas de salud mental, desprotección infantil, uso abusivo de las pantallas o dinámicas familiares marcadas por la vulnerabilidad social, económica o emocional.
“El término vulnerabilidad es muy amplio”, explica Cabezón. “Puede ser económica, social, de habilidades sociales o de necesidades educativas especiales. Todo acaba repercutiendo en el aula”.
Gran parte del trabajo se centra en la intervención con las familias. “Antes de derivar a otros recursos, hablamos mucho: con el alumnado, con las familias y con el profesorado. Mucho”, insiste. Solo cuando la situación lo exige se recurre a servicios sociales u otros apoyos externos, una coordinación que depende en gran medida de los recursos de cada municipio.
El impacto de las pantallas y la salud mental
Ambas docentes coinciden en que la realidad educativa ha cambiado profundamente en los últimos años. “El absentismo ya no es el de antes”, explica Cabezón. “Ahora nos encontramos con adolescentes que no se levantan porque llevan horas con el móvil. Y las familias, muchas veces, acaban cediendo para evitar conflictos”.
"¿Que es lo que vemos? Que empiezan cosas pequeñitas, pero se van haciendo grandes, el uso de las redes sociales nos está generando unos problemas a nivel de convivencia muy grandes, nos está generando mucho malestar emocional. Nuestros servicios de salud mental están saturados, con problemáticas muy graves, nos han aumentado las situaciones de intentos de suicidio, muchísimo, todo eso hay que gestionarlo", asegura Saldaña.
Una figura que acompaña
Más allá de los protocolos y las derivaciones, destacan el valor humano de su trabajo. “A veces lo único que podemos hacer es acompañar”, dice Saldaña. “Decirle a un chaval: no sé cómo ayudarte, pero no te voy a dejar solo”.
Ese acompañamiento, esa escucha activa, es para ellas uno de los mayores logros, aunque difícil de medir. “La prevención es básica”, coinciden. Intervenir desde Infantil y Primaria, poner normas y límites desde edades tempranas y trabajar las habilidades emocionales puede evitar que los problemas se cronifiquen en la adolescencia.
Más recursos y más estabilidad
Las dos profesoras reclaman más personal y mayor estabilidad en los centros. El aumento de las demandas, la mayor sensibilización social y la complejidad de los casos hacen imprescindible reforzar este perfil.
También valoran positivamente la figura del coordinador de bienestar, implantada recientemente por ley, aunque reconocen que sus funciones se solapan en gran parte con las del profesorado de Servicios a la Comunidad. “Nuestro trabajo ya es velar por el bienestar del alumnado”, señalan. En Cantabria se ha implantado con apenas seis horas semanales.
Una labor discreta, muchas veces invisible, pero absolutamente esencial para que el sistema educativo funcione cuando aprender no es solo una cuestión de libros y exámenes, sino de sostener personas.

Marta Bustamante
Licenciada en Periodismo y Publicidad por la Universidad del País Vasco. Cuento historias de vida en...




