Volar sobre el agua, ahora también sin viento: la revolución eléctrica del foil sacude Cantabria
Un sistema con hélice y motor que permite elevarse y aprender a foilear sin necesidad de viento universaliza los deportes del viento en la región

Un hombre prácticamente windfoil en Cantabria.

Santander
Cantabria vive una auténtica fiebre del windfoil. Esta tecnología, que permite “volar” sobre el agua con menos esfuerzo y menos viento, está revolucionando los deportes acuáticos y abriendo la puerta a nuevas modalidades, incluida su versión eléctrica.
Lo confirma Héctor Pérez, responsable de las escuelas Northwing – Viento del Norte, que desde hace más de veinte años observa de primera mano cómo estas disciplinas han pasado de ser minoritarias a convertirse en una práctica masiva y transversal.
“El crecimiento ha sido increíble. Lo que antes estaba reservado a un colectivo muy concreto, ahora está totalmente universalizado”, explica Pérez. Niños, jóvenes y personas que se inician a partir de los 40 o 50 años comparten hoy espacio en el agua, impulsados por la evolución del material y por una oferta cada vez más variada.
El foil, el gran protagonista
Si hay un denominador común en esa transformación es el foil. Esta aleta en forma de ala, situada bajo la tabla, permite que el conjunto se eleve sobre el agua al alcanzar velocidad, reduciendo la fricción y facilitando la navegación con condiciones más suaves. “Estamos asistiendo a una auténtica fiebre del foil”, afirma el responsable de esta empresa.
El windfoil —tabla con foil y ala que se maneja con las manos— es el mejor ejemplo. Llegó a Cantabria en 2019 y, tras el parón de la pandemia, ha explotado definitivamente en los últimos dos años. “Es el deporte de viento más emergente. El windsurf se ha estancado, el kitesurf sigue fuerte, pero el windfoil ha entrado como un tsunami”, resume Pérez.
La clave está en su accesibilidad. “La curva de aprendizaje es mucho más corta. Si la comparamos con el windsurf o el kite, prácticamente se reduce a la mitad”. En apenas seis horas de curso, repartidas en tres días, los alumnos ya adquieren autonomía para navegar con seguridad.
Un deporte que rompe barreras de edad
Ese factor ha cambiado el perfil del practicante. En Cantabria, la media de edad del windfoil se sitúa entre los 40 y los 50 años. “No exige una preparación física extrema y técnicamente no es tan complejo. Eso anima a mucha gente que nunca se había planteado un deporte de viento”, señala Pérez.
Además, el foil está ampliando los escenarios de práctica. No solo en el mar, sino también en aguas interiores. Northwing imparte clases en Somo y Pedreña y, durante el verano, traslada parte de la actividad al embalse del Ebro, en Orzales. “Buscamos viento. Si en la costa no hay, a 45 minutos tenemos seis horas seguidas en el pantano”.
El salto eléctrico: aprender sin viento
La última revolución ya está aquí y es eléctrica al incorpor el foil assist, un sistema con hélice y motor que permite elevarse y aprender a foilear sin necesidad de viento. “Es un asistente de foil que te da potencia. Aprendes cómo funciona la elevación y el control de la tabla de una manera mucho más rápida”, explica Pérez.
Este sistema se utiliza tanto para clases como para alquiler y también puede adquirirse a nivel particular. “Es ideal para los días sin viento o para quienes quieren practicar más a menudo. Facilita mucho el aprendizaje y quita miedo a los primeros vuelos”.
El foil lo invade todo
La tecnología no se limita al windfoil. El foil ya se aplica al windsurf tradicional —la clase olímpica IQFoil es el mejor ejemplo—, al paddle surf, al surf e incluso a la vela ligera. “Todos hemos visto en la Copa América barcos que prácticamente vuelan. Ese mismo principio se está trasladando a todo”, explica Pérez.
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DescargarEn el surf, permite deslizarse con olas más pequeñas; en el paddle surf, navegar con mayor velocidad; y en el entrenamiento, acelera el aprendizaje cruzado entre disciplinas. “Antes de hacer surf foil, puedes entrenar con asistente eléctrico y entender cómo funciona esa aleta que te eleva”.
Cantabria como destino de turismo activo
Este auge se refleja también en el turismo. Cantabria se ha consolidado como destino de surf, pero cada vez más visitantes descubren los deportes de viento y el foil durante su estancia. “Vienen por el paisaje, la gastronomía y acaban probando windfoil o kitesurf. Y cuando los llevas al embalse del Ebro, alucinan”, afirma Pérez.

Marta Bustamante
Licenciada en Periodismo y Publicidad por la Universidad del País Vasco. Cuento historias de vida en...




