Opinión

Pan y fútbol

La firma de opinión del catedrático de Historia Contemporánea de la UCLM, Manuel Ortiz

Manuel Ortiz

Pan y fútbol

03:51

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Albacete

La historia del deporte es una opción tan válida como otras para conocer nuestro pasado como sociedad y estudiar la evolución del poder. También permite reflexionar sobre la pasividad civil, el gregarismo dominante y la falta de conciencia cívica. Estos días, a propósito de la celebración del mundial de futbol en Qatar, estamos asistiendo a la demostración más transparente del cinismo, las contradicciones y la hipocresía que rodean un mundo cada vez más negativamente globalizado, en manos de unos intereses que dejan a los gobiernos impotentes y a sus sociedades inermes. Las recientes declaraciones de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, organismo privado digno de análisis detenido, me hicieron pensar en la necesidad de reflexionar sobre sus tejemanejes, envueltos en opacidad y corrupción alrededor del suculento negocio balompédico.

Durante la elaboración de esta firma pensaba ser original y que llamaría la atención por abordar cuestiones menores comparadas con las estridencias de los asuntos de la agenda política nacional o internacional. Pero a medida que han ido pasando los días he comprobado que la inauguración de la competición ha abierto un debate tardío que ha convocado a todo tipo de gente a pronunciarse sobre la oportunidad, desvarío o procacidad del torneo catarí.

Sin pretender moralizar ni aleccionar, les propongo una breve reflexión a propósito de las instituciones del deporte y de sus gestores, pero también apelo a que no nos dejemos llevar por nuestra supuesta falta de responsabilidad y nos amparemos en el disfrute de una aparente evasión inocente.

En 1950, después de la IIGM, se volvió a celebrar un mundial de futbol y las selecciones cruzaron el Atlántico para recalar en Brasil. El singular político Getulio Vargas presidió los fastos. Para él la dictadura era una forma de gobierno tan válida como cualquier otra. Como el argentino Perón, genuino populista, se declaró neutral ante el ascenso del fascismo en Europa. Mantuvo esa posición hasta 1941. Entonces firmó un acuerdo con Estados Unidos por el cual se establecieron bases militares en el nordeste brasileño a cambio de financiar una construcción siderúrgica.

España organizó el mundial de 1982 y jugó un torneo mediocre en plena transición política. Acabamos en el duodécimo puesto, la peor clasificación de una anfitriona hasta la fecha. En 1964 habíamos obtenido luz verde de la FIFA para organizar la competición, la primera vez en la historia del torneo con representación de los cinco continentes. La dictadura franquista se vio así respaldada por el organismo a pesar de la falta de derechos humanos que Franco imponía al país y sin que en ese momento se pudiera vislumbrar un atisbo de aperturismo. Claro que se venía de otro mundial que había organizado Argentina, en 1978, en pleno dominio de otra dictadura que permitió al general Videla maquillar sus vergüenzas y ser el líder de aquella gala donde no se tuvieron en cuenta los abusos contra los disidentes ni los más elementales valores democráticos. Más recientemente, hay que recordar el mundial organizado por la Rusia de Putin, en 2018, que unos años antes había ocupado por la fuerza Crimea en lo que hoy conocemos bien como un aviso de la ahora sí condenada invasión de Ucrania.

Son sólo unos ejemplos sonrojantes de las decisiones que el organismo que dirige el deporte rey a nivel mundial ha tomado. Apenas tengo ya espacio para mencionar a sus dirigentes, algunos de ellos, como el brasileño Havelange o el suizo Blatter, acusados de graves delitos y no pocos envueltos en graves sospechas de enriquecimiento ilícito a pesar de sus más que generosos honorarios. La organización europea hermana, UEFA, no le va a la zaga y también representa unos valores que, más allá de ciertas campañas publicitarias, dejan mucho que desear. Qué cerca está esto del antiguo eslogan ¡Pan y toros! o ¡pan y circo! Ahora, ¡pan y futbol!

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