"Una historia hereditaria de violencia de género"
La firma de María José Aguilar Idáñez, Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha
María José Aguilar
"Una historia hereditaria de violencia de género": firma de opinión de María José Aguilar
Hoy comparto con la audiencia una historia real de violencia de género. De esas que no se ven. Que resulta muy difícil probar en un juzgado. Que tantas mujeres como nuestras abuelas, nuestras madres y que muchas de nosotras mismas hemos padecido y seguimos sufriendo.
La protagonista de esta historia tiene hoy 85 años y aunque ahora vive en Albacete, procede de un pequeño pueblo serrano. Recuerda que ya su abuela fue despojada de sus bienes al morir el marido, por parte de sus propios hijos varones. Un despojo que la maltrató y revictimizó por segunda vez, por obra y gracia de un juez, y contra el que no puedo hacer nada por falta de dinero para recurrir la sentencia.
La protagonista de nuestra historia siendo preadolescente, se preparó prácticamente sola en su pueblo el examen de ingreso para poder estudiar. Pero ningún hombre adulto de su familia quiso llevarla a la ciudad donde se hacía ese examen. No pudo estudiar a pesar de sus deseos y de que era más lista que todos sus hermanos (que sí estudiaron).
Nuestra protagonista, estuvo encerrada en su casa entre los 17 y los 20 años, porque la obligaron a guardar luto riguroso durante esos tres años por la muerte de sus padres. Sólo le dejaban salir de casa para ir a misa.
El tutor legal asignado impidió que dispusiera de sus bienes y cuando nuestra protagonista se casó, los bienes privativos de su herencia pasaron a formar parte de la sociedad de gananciales. No ocurrió lo mismo con los bienes privativos del marido, que nunca pasaron a la sociedad de gananciales, sino que siguieron siendo privativos de él.
Este hecho fue el primer episodio de violencia de género patrimonial del que fue víctima nuestra protagonista, por parte de su pareja.
Pero, lamentablemente, no ha sido el único.
Durante el matrimonio, hubo que vender bienes para afrontar diversos gastos familiares. ¿Adivinan qué bienes se vendieron? Efectivamente, los que originalmente eran de nuestra protagonista. Nunca se tocaron los bienes privativos del marido. Siempre los de ella.
En el siglo XXI muere el marido de nuestra protagonista. Podríamos pensar en un final feliz, donde ella puede por fin disponer de algunos bienes de la herencia del marido (unos bienes que, de no haber sufrido esa violencia patrimonial durante el matrimonio, en realidad serían suyos).
Pues bien, como la violencia de género también se hereda, ahora nuestra protagonista no sólo sufre los efectos de esa violencia patrimonial ejercida en el seno de su matrimonio, sino que sufre violencia económica por parte de un hijo varón, que lleva más de una década impidiendo el reparto de la herencia del padre, con el fin de impedir que nuestra protagonista disponga del pleno dominio de sus bienes (unos bienes que, siendo suyos, le fueron arrebatados sucesivamente a lo largo de su vida).
Hoy, en noviembre de 2022, nuestra protagonista podría ser revictimizada por un juzgado, como lo fue su abuela.
La violencia de género no sólo es física o sexual, es también económica y patrimonial. Y en España, hace más de un año que una magistrada de lo penal (Lucía Avilés, del juzgado nº 2 de Mataró) pidió al gobierno que tipificase la violencia económica como una forma de violencia de género. En otros países latinos, la violencia económica y la violencia patrimonial están tipificadas como violencia de género en casos como el de nuestra protagonista