Opinión

El peligro de la democracia

La firma de opinión del catedrático de Historia Contemporánea de la UCLM, Manuel Ortiz

Manuel Ortiz

El peligro de la democracia

03:59

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Albacete

Empeñados en mancillarla, acabaremos por añorarla. Estos días se han producido varios escándalos políticos que tienen el común denominador de poner contra las cuerdas al sistema político democrático. ¿Qué tienen en común? ¿Es una tendencia hacia el vacío? ¿Hay margen de maniobra?

Hace sólo unos meses, supimos que un 25% de los americanos no está de acuerdo con que la democracia sea mejor que cualquier otra forma de Gobierno, según los datos del último Barómetro realizado por la Universidad de Vanderbilt (EE.UU.). Honduras, Colombia, Perú y Argentina concentran los mayores crecimientos en el porcentaje de ciudadanía que se declara bastante o muy en desacuerdo con la superioridad democrática. Más de tres quintos de la ciudadanía de Latinoamérica y el Caribe considera que la mayoría de políticos son corruptos y se ha incrementado la proporción de población que estaría dispuesta a aceptar un golpe del ejecutivo ante una crisis. Con ese trasfondo, Perú se tambaleó estos días cuando su presidente, el maestro rural Pedro Castillo, intentó disolver el Congreso y decretar un Gobierno de excepción. Durante tres horas de locura se sucedió una alucinante catarata de acontecimientos que acabaron con Castillo detenido y acusado de rebelión. Sigue la estela de sus antecesores: Alejandro Toledo está en libertad bajo fianza en Estados Unidos; Alan García se suicidó antes de que le dictaran prisión preventiva; Ollanta Humala, ya en libertad, estuvo en prisión preventiva; Pedro Pablo Kuczynski está en arresto domiciliario; Martín Vizcarra está libre, pero bajo investigación; Alberto Fujimori cumple prisión efectiva. La crisis revela el desgaste del vínculo entre la política y la sociedad. Castillo encarnaba el Perú “profundo”, despreciado por las elites limeñas, pero nunca encontró un rumbo. Políticamente errático, cambió un gabinete de ministros tras otro, perdió aliados, y acabó en manos de círculos oscuros de asesores y envuelto en numerosas denuncias de corrupción. Estamos, en definitiva, ante una profunda descomposición de la representación política en su conjunto.

Ningún país, ni siquiera la primera superpotencia, puede quedar indemne de una presidencia como la de Donald Trump, con el episodio final del asalto al Capitolio, sin que su democracia se resienta. En plena actuación de una comisión del Congreso que recogía pruebas de responsabilidad del expresidente en la acción que pretendía impedir la certificación de la victoria de Joe Biden, el Tribunal Supremo dictó las tres sentencias más reaccionarias en la historia de esta corte en el último siglo: se reconoce el uso de armas de asalto como derecho constitucional, se recorta la libertad y los derechos reproductivos de las mujeres y se limita la acción de las agencias regulatorias del Gobierno, lo que abre caminos inquietantes en los que perder más derechos.

En Alemania la reciente detención de un grupo pronazi alerta sobre el semillero nocivo que incuban las democracias occidentales donde han proliferado grupos radicalizados y antidemocráticos. Pese al aire de ópera bufa, la policía y los servicios secretos alemanes han tratado a Reichbürger (Ciudadanos del Reich) como un grupo muy peligroso por sus ideas antisemitas y sus simpatías por el nazismo, pero sobre todo por sus planes golpistas, que incluían el asesinato de políticos, el asalto a las instituciones democráticas y la abolición de la república para restaurar el Imperio alemán.

El Parlamento Europeo ha conocido un caso de corrupción de eurodiputados e influyentes figuras de Bruselas que pretendían mejorar la imagen de Qatar. Se pone así bajo sospecha a las principales instituciones europeas. La detención de una de las vicepresidentes de la institución, la socialista griega Eva Kaili, ha provocado un terremoto con cuatro imputaciones por corrupción y cientos de miles de euros incautados, aunque el caso sigue abierto y los responsables comunitarios tratan de defender la honorabilidad del proyecto europeo en tiempos de creciente desconfianza ciudadana.

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