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La firma de opinión del catedrático de Historia Contemporánea de la UCLM, Manuel Ortiz

Manuel Ortiz

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03:43

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Albacete

Como historiador del presente, no puedo dejar de comentar aquí que estamos a las puertas de superar un importante problema diplomático que tiene consecuencias económicas y sociales para muchos españoles. Me refiero a la posibilidad de que la Verja de Gibraltar deje de existir cuando se han cumplido 40 años de su apertura después de que permaneciera cerrada durante 13 años. Sin embargo, quiero hacer un balance comprimido de un año que nos deja después de innumerables sobresaltos.

2022 pasará a la Historia por la invasión de Ucrania. Aunque algunos tuvieran en mente la ocupación de Crimea en 2014 y muchos más supieran quien era ese peculiar líder ruso apellidado Putin, ha sido ahora cuando hemos conocido realmente sus planes y hemos aprendido, a marchas forzadas, unas nociones básicas de la guerra fría y la gobernanza mundial posterior a la caída del muro de Berlín. Es de perogrullo repetir que el mundo ha sufrido un colapso brutal que nos ha colocado, con muchas posibilidades, ante la amenaza de una guerra mundial catastrófica por el uso de armas nucleares. Y todo ello cuando todavía no nos hemos recuperado del impacto de una pandemia que nos cambió la vida y que se llevó por delante a millones de personas. Pero este año es especial. Es fácil comprobarlo si recordamos la facilidad con la que hemos olvidado la terrible amenaza que supuso, ahora se cumplirán dos años, el asalto al Capitolio orquestado por el execrable trumpismo. También ha sido impactante comprobar la debilidad europea ante los embates rusos y chinos y la estrategia norteamericana de reflotar una organización como la OTAN a cualquier precio, aunque eso haya supuesto la revalorización del armamentismo. Ha sido también el año del líder chino Xi Jinping y su plúmbea longevidad política impuesta contra el respeto de los derechos humanos, lo que supone la apertura de un debate agrio entre los que defienden la primacía de la igualdad frente a la libertad en los sistemas democráticos.

En el plano interno, 2022 ha confirmado una deriva política institucional que ha culminado con el poder judicial como gran protagonista. El complejo equilibrio de poderes que se construyó en la Transición nunca había llegado a situaciones como las que se han vivido en las últimas semanas. No era pequeña anomalía que el Consejo General llevara cuatro años caducado, sino que la estrategia política urdida por el principal partido de la oposición ha llevado a un bloqueo con el que se ha querido confundir y manipular a la opinión pública. En realidad, se trata de una consecuencia del grave problema político que este país sufre con una derecha que se resiste a cumplir las elementales reglas del juego democrático. Empezamos por deslegitimar a los gobiernos del signo contrario y acabamos impulsando falsos debates en nombre de una libertad supuestamente mancillada. Lo que vivimos estos días fue simplemente una alteración de la voluntad expresada por mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. La decisión de impedir la actuación del Senado supone una flagrante invasión de competencias y un abuso de poder al actuar como legisladores. Lo normal hubiera sido dejar pronunciarse a la Cámara Alta y después presentar un recurso de inconstitucionalidad. Y mientras, por descontado, abordar el tema de las recusaciones que, por el momento, se han ido de rositas. Es cierto, que in extremis se ha abierto un rayo de luz con la sorprendente decisión de la mayoría progresista que ha decidido apoyar la propuesta de los conservadores para renovar un Tribunal Constitucional que, paradójicamente, ahora tendrá por delante nueve años, casi con toda seguridad, con mayoría progresista para resolver cuestiones tan importantes como el aborto, la eutanasia, la reforma laboral o la educativa.

Se ha ido demasiado lejos, pero no deberíamos caer en el error de que la responsabilidad se comparta por igual cuando está bien claro quien ha obstruido el proceso, a pesar de que errores se han cometido desde todas las formaciones políticas.

 
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