Sociedad

Creer en lo invisible

La firma de la periodista, escritora y cronista oficial de la ciudad de Albacete, Rosa Villada

Rosa Villada / Radio Albacete

Creer en lo invisible

03:23

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Albacete

La de hoy es una noche mágica. Mañana es el día de los Reyes Magos y de los astrólogos, puesto que estos tres personajes míticos, además de sabios eran astrólogos. Sabían leer en las estrellas, tal y como nos dice la tradición.

Que todavía celebremos la noche de Reyes, tiene su mérito en este mundo descreído en el que vivimos, en el que se valora poco lo esencial y no se cree en lo que no se puede ver. Aquello en lo que, como diría El Principito, es invisible a los ojos, y solo los niños son capaces de captarlo con su sencilla inocencia.

Recuerdo que, cuando yo era pequeña, se me olvidó poner en mi carta a los Reyes, que me trajeran una muñeca que vi en un escaparate a última hora. Se llamaba Pierina. Se lo conté a mi abuelo materno y éste me dijo: No te preocupes, cuando estemos en la cabalgata y pasen los Reyes Magos en sus carrozas, tú les gritas el nombre de la muñeca, y seguro que te la traen.

Era muy pequeña, pero mis gritos llamaron la atención de los Reyes a su paso, que me hicieron gestos afirmativos con la cabeza. O eso me pareció a mí. Yo me acosté, totalmente confiada en que me la iban a traer. Y así fue. A la mañana siguiente, Pierina estaba junto al Belén, porque en aquellos tiempos no poníamos árbol de Navidad. Viví la magia, mis deseos se habían cumplido. El mundo era un lugar seguro. Se podía confiar en la vida. Nunca olvidaré lo que sentí entonces.

Como tampoco olvidaré el año en que mi madre me dijo que los Reyes no existían. ¿Cómo que no existen? ¡No podía ser! Recuerdo que le pregunté a ella porque en mi clase todas las niñas decían que eran los padres. ¡Todas menos yo, que no podía creerlo! Cuando se lo pregunté a mi madre y me dijo que no existían, tampoco me lo creí.

Para convencerme de que regalaban los padres, me llevó a casa de una vecina, donde guardaban la bicicleta que me iban a traer los Reyes ese año. Fue un gran palo y una decepción enorme para mí. Además de la bicicleta, me trajeron un biberón mágico. Nada más cogerlo en la mañana del día 6, se me cayó al suelo y se hizo añicos. Como se hizo añicos mi inocencia infantil. Fue mi ritual de paso de la infancia a la adolescencia.

Y a pesar de que ya camino por la vejez, sigo creyendo en los astrólogos de Oriente. De hecho, conforme cumplo años, me parece más importante lo invisible que lo que puede verse. Por eso deseo que nos traigan a todos regalos a juego con nuestra esencia, de los que solo se pueden percibir con la mirada interior.

En estos tiempos distópicos que vivimos, esos regalos invisibles, nos hacen más falta que nunca. Se lo aseguro.

Rosa Villada

Rosa Villada

Periodista de larga experiencia como directora, columnista y trabajadora en distintos Medios de Comunicación....

 
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