Opinión

El No-Do y las nuevas redes sociales

La firma de opinión del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha, Manuel Ortiz

La firma de opinión de Manuel Ortiz / Cadena SER

El No-Do y las nuevas redes sociales

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Albacete

Hace ya 80 años que se puso en funcionamiento el NO-DO. Fue el instrumento del que se sirvió Franco para orquestar su robusta maquinaria publicitaria. Durante 38 años, ya que no desapareció hasta 1981, las noticias se canalizaron a través de cauces y métodos en los que no había libertad de información. Dominaba el control sobre los medios, la censura y la manipulación. Se trataba de utilizar los múltiples recursos existentes como propaganda.

La dictadura dispuso que, desde la inmediata postguerra, en el más importante recurso para el ocio de los españoles, el cine, fuese obligatorio la emisión de unos noticiarios y documentales, 4.000 programas en total, que trataban de imponer un relato sobre el mundo que nos rodeaba, inmerso todavía en la IIGM, y también acerca del nuevo Estado que se estaba configurando contra el enemigo interior. Los espectadores españoles absorbieron de forma insensible aquellas noticias, con frecuencia superficiales, que acabarían teniendo carácter de norma. Después del día internacional de la mujer, merece la pena recordar que en mayo de 1975 ofreció un homenaje a la Sección Femenina evocando su trayectoria, pero sin hacer referencia alguna a la necesidad de emancipación de la mujer, asociándola machaconamente con tareas secundarias como los deportes o la atención en las guarderías.

Trece años después de la aparición del primer noticiario, empezó a emitir la televisión española. El ministro de información y turismo, Gabriel Arias Salgado, procedió a la inauguración porque el dictador nunca fue amante del medio. Temía sus posibles influencias negativas sobre una población que podía tomar contacto con un mundo que él intuía hostil. Aquel 29 de octubre de 1956 coincidía con el XXIII Aniversario de la Fundación de la Falange. En su alocución aludió a los dos principios básicos fundamentales que habrían de presidir su desarrollo: “la ortodoxia y rigor desde el punto de vista religioso y moral, con obediencia a las normas que en tal materia dicte la Iglesia Católica, y la intención de servicio a los principios fundamentales del Movimiento Nacional”.

Con la televisión llegaron unas maneras y modos de vivir muy diferente a la que el dictador hubiera deseado para conformar un “espíritu nacional”. Con el NO-DO, aunque camuflado como un ingrediente más del espectáculo cinematográfico, se dispuso de un instrumento al servicio de la ideología franquista. Con el paso del tiempo aquellos emblemas y sus consignas han llegado a adquirir una dimensión sentimental. Evocan el pasado y por ello son merecedoras de una nostalgia cómplice. Las sucesivas generaciones de españoles han podido ver sus imágenes posteriormente hasta el punto de confundir sus efectos entre lo sentimental y simpático hasta llegar a ofrecer una visión edulcorada del pasado que puede concederle legitimidad por el mero hecho de serlo. El resultado parecería una caricatura del periodo, por superficial y roma, y por ofrecer una imagen de la dictadura repleta de anécdotas y tópicos, convirtiendo el pasado en inescrutable. En realidad, bien analizado, constituye la memoria visual de nuestro pasado reciente porque fue la plataforma desde la que la Dictadura mostraba su particular visión de la actualidad con su eslogan: “el mundo entero al alcance de todos los españoles”.

Pese a todos los esfuerzos de manipulación y censura, fracasó en el intento de configurar una mentalidad uniforme. Creo pertinente recordarlo porque ahora la información se distribuye de una manera bien diferente. Las redes sociales, muy difíciles de controlar, juegan un papel fundamental y entre ellas viene destacando TikTok, un gigante preferido por los más jóvenes que complica las relaciones entre China y Occidente. En España hay más de 15,5 millones de cuentas registradas y fue la aplicación que experimentó un mayor crecimiento de descargas el año pasado.

¿Estamos preparados para afrontar el reto de los nuevos medios de información?

 
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