De la procesión a la rutina
Algunos con su calvario y otros con sus aleluyas, toca ponerse otra vez en marcha
De la procesión a la rutina - La mirada de Toledo (12/04/23)
Toledo
Ahora sí. Se acabaron las procesiones, la mayoría estupendas: buenos pasos bien organizadas, bien acompañadas, bien bailadas… Hablo de Toledo, claro. Pero otras quizá deberíamos plantearnos suprimirlas o mejorarlas porque cuando vendes Toledo como destino turístico estrella en estas fechas y la Semana Santa tiene el distintivo de interés turístico internacional, pues hay cosas que no pueden ser. No hablo de fe, que cada uno puede rezar y encomendarse a la imagen que considere oportuna, hablo de estética. No quiero herir sensibilidades, pero no puedes meter todas las procesiones y todas las imágenes en el mismo saco. Voy a ser más clara y voy a poner ejemplos. El turista que llega el Miércoles Santo a la ciudad y se encuentra por la noche con las procesiones del Redentor y del Cristo de la Humildad no se va a ir con la misma sensación que el turista que llega el domingo por la mañana y se topa con la procesión del Resucitado. El turista del Miércoles, del Jueves o el Viernes Santo seguro que entiende que esta Semana de Pasión tenga el reconocimiento de internacional pero el del domingo, perdónenme, igual tiene el síndrome ese de “lo que compras por Wallapop y lo que te llega a casa”.
Que yo entiendo la fe de todos por igual, pero no podemos confundir fe, con estética, con calidad y con atractivo turístico. Igual esto que voy a decir es una barbaridad, pero si yo fuera una turista que llega a Toledo, igual me gustaría que alguien me recomendase el Domingo de Resurrección irme a ver la procesión de Ocaña, por ejemplo. Y que conste que esto no pasa solo en Toledo, pero tenía que decirlo y queda dicho.
Pasadas las procesiones, con sus fieles, sus cofrades, su público y sus políticos, que este año no han hecho más que empezar, algunos con su calvario y otros con sus aleluyas, toca ponerse otra vez en marcha con los colegios, los trabajos, las rutinas y las obligaciones. Y hay un experimento laboral que me tiene loca, de contenta. A ver si con un poco de suerte lo exportamos. Lo van a hacer en Valencia aprovechando un cúmulo de lunes festivos: la semana laboral de cuatro días. La idea no me puede parecer mejor y además es que estoy convencida de que se podría aplicar en muchas empresas. Cuatro días de trabajo, tres de descanso en muchos casos supondría mejores resultados laborales, más implicación de los trabajadores, evidentemente mejor conciliación y mucha felicidad, que al final se extrapola a todo lo demás. A ver si el experimento valenciano acaba siendo una realidad con buenos resultados contrastados. Es una opinión de una Toledana de Toda la Vida.