Opinión

Gestión del pasado incómodo

La firma de opinión del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha, Manuel Ortiz

Manuel Ortiz

Gestión del pasado incómodo

04:05

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Albacete

Les hablo hoy con sensaciones contradictorias. Me explico: hay motivos para congratularse de algunas iniciativas, pero, a la vez, a la altura del momento en el que nos encontramos, tengo la impresión de oportunidad perdida.

El pasado 31 de marzo tuvo lugar la inauguración de un lugar de memoria en nuestra ciudad. Así los definió Pierre Nora en los años ochenta del siglo XX. El historiador galo se refería con este concepto a la manera de interpretar algunos espacios y objetos como oposición más o menos novedosa a la forma de escribir la historia y pensar la memoria colectiva en Francia. Se trataba de pasados traumáticos y recientes.

En España la peculiar Transición echó al olvido un periodo violento y represivo contra una parte de la población que perdió la guerra y sufrió la dictadura. Aunque más tarde de lo normal, sobre todo desde el año 2000, vivimos el estallido de la memoria que ha dado lugar a sendas leyes relacionadas con la materia. La más reciente, de apenas unos meses de vigencia, ha puesto de nuevo de manifiesto la dificultad que perdura en nuestra sociedad e instituciones para abordar políticas públicas de memoria. A pesar de los estudios de los especialistas, se ha impuesto una suerte de equidistancia que mezcla periodos y temáticas de nuestra Historia. Bajo el denominador de memoria democrática se están llevando a cabo actuaciones que dan cuenta de asesinatos y violaciones de derechos durante la inmediata postguerra. La placa instalada frente a la Posada del Rosario contiene el siguiente texto: “En homenaje y recuerdo a las 750 personas que sufrieron la peor represalia durante los primeros años de la dictadura franquista, siendo fusiladas en las tapias del cementerio de Albacete desde 1939, una vez terminada la guerra civil, y hasta 1948”.

Hay que aplaudir la iniciativa porque por primera vez se puede encontrar en nuestro callejero, en un lugar preferente y no en el cementerio como hasta aquí había sido, un símbolo de estas características que contiene un código QR con el que conocer los nombres de las víctimas. Sin embargo, es demasiado tarde para el homenaje y el recuerdo y se hace sin la suficiente publicidad y explicación que requiere. Para la mayoría de los transeúntes el monolito, de pequeñas dimensiones, puede pasar desapercibido y quienes reparen en él albergarán dudas e interrogantes. Se echa en falta una información más completa que desde luego hoy podemos obtener con facilidad. El mérito, por supuesto, corresponde a la Asociación Fosa de Alcaraz que después de siete años de arduas negociaciones ha visto parcialmente conseguido un objetivo que da cierta visibilidad a un episodio de nuestro trágico pasado. Este merecido homenaje a las víctimas de la dictadura no debería de quedar aquí.

El 23 de abril de 2022, y previa aprobación por su ayuntamiento en octubre de 2021, se presentó la placa que recuerda a los 85 represaliados por la dictadura franquista vecinos de Ossa de Montiel. Es la primera placa con los nombres de represaliados de la dictadura que se instalaba en la provincia de Albacete dentro del casco urbano. El 15 de agosto de 2022, adicionalmente, se colocaron en la plaza de la Constitución de dicho municipio las llamadas 'remembrance stone', un proyecto similar al de los 'stolspersteine' o adoquines de memoria con los nombres de los fusilados de la localidad. Es uno de los primeros pueblos de España en esta actuación. En marzo de 2022, la ciudad de Albacete se unió al proyecto europeo que tiene como objetivo recordar y homenajear a quienes murieron en los campos de concentración levantados por la Alemania nazi en la IIGM mediante la instalación de adoquines con el nombre y alguna información básica sobre estas víctimas. Se suelen ubicar en el punto exacto que señala la última vivienda que ocuparon hasta su deportación. En Albacete las 25 piezas se instalaron en la Avenida de la Estación por iniciativa del Grupo de Amigos de Antonio Machado con el apoyo de otras asociaciones 'memorialísticas'.

Mientras, el refugio del Altozano sigue sin ser bien gestionado y la ciudad adolece de un buen tratamiento de la experiencia generada por las Brigadas Internacionales. ¿Hasta cuándo habrá que porfiar para conseguir una gestión pública de la Historia acorde con nuestros valores democráticos?

 
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