Opinión

Kioskos

La firma de opinión del crítico cultural Juan Ángel Fernández

Juan Angel Fernandez

Firma de opinión de Juan Ángel Fernández

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Tengo la desagradable impresión de que el siglo XXI ha desplazado hasta el antipático reino de Babia a uno de los placeres urbanos más abierto y sociable que uno haya disfrutado en plena calle, barrio, plaza, jardín o bulevar: los kioskos, al kiosko de prensa me refiero. Sus cierres se avisan rotundos e ineludibles y su imagen actual en muchos casos sellada y cerrada (afortunadamente aún quedan supervivientes) se asemeja a los panteones de los camposantos que guardan los restos humanos que en vida disfrutaron de los entretenimientos y deleites de la vida. Mi amigo Gómez Flores me cuenta del más antiguo en Albacete: el kiosko de Miridio al inicio del Paseo de la Libertad, entonces Paseo de la República. Personalmente recuerdo de crío un comercio a pie del paseo de la Feria: la papelería Miridio donde comenzó mi pasión por el coleccionismo: cromos, tebeos y cada comienzo de semana el Lunes, un semanario deportivo con fotos y crónicas de los partidos de fútbol del domingo. Entonces ya estaban instalados en la ciudad el kiosko de prensa junto al patio de las Dominicas o el que estaba frente al bar Los Corales, en la Plaza Mayor, donde se hablaba mucho de toros y toreros. Todos los kioskos mirando hacia las aceras, casas, corralones o plazas, dándole la cara al mobiliario urbano y la espalda a la calle, al asfalto, al tráfico, como molesto por el escándalo de los motores. Distribuidos en una amplia variedad de formas como son las bases cuadradas, rectangulares, ovaladas...en seis metros cuadrados caben revoluciones universales, golazos de chilena, mujeres y hombres empoderados, la vida paseándose ante tus ojos... miserias, marqueses, terremotos y golpes de estado repentinos... cromos de las películas de animación más recientes... matrimonios célebres... Los colores de su armazón no llegan a verse casi nunca, menos un día que vi uno beige y compré La Hoja del Lunes celebrando aquella impresión plástica. Desaparecido el vocero de periódicos recorriendo las calles y desgañitándose por la noticia del día los kioskos se quedaron solos ante el peligro. Aguantaron hasta la llegada del siglo XXI, ya lo he dicho, surgiendo en la prensa empapelada nuevas temáticas para competir con el poderío digital que se les venía encima: ciencias, historia, motor, nuevas tecnologías, medicina...el tema se puso peor, digo yo que algo tuvo que ver el insolente protagonismo de internet en la sociedad y su facilidad de consulta con solo un golpe de timón en el ordenador casero. Para ello, ya se han realizado experiencias piloto en kioskos de prensa al objeto de convertir al cuchitril en un punto de enlace de red wifi de tal modo que en el perímetro del kiosko sea posible la conexión inalámbrica a Internet orientada para usuarios de soportes digitales (móviles o la inclusión de nuevas tecnologías, recargas...etc).

Pero el hecho factible y visual es que el viejo y entrañable kiosko de prensa callejero juega al escondite en estos tiempos donde se ha convertido en un lujo encontrarte el Kiosko Lodares, en la Plaza del mismo nombre, Gabriel Lodares, y charlar de lo divino y lo humano del día con Vicente Iniesta, su propietario; como lo fue en su día el añorado kiosko de Manolo en la mismísima Plaza del Altozano o con el que regenta mi amigo Fausto escondido en el Pasaje de los Alonso en plena calle Ancha, aunque no tenga la imagen típica del kiosko clásico; el de la Mari en plena rotonda de la Fuente del Parque o el del Perpétuo Socorro, ambos cerrados y siempre añorados, o el de Luis y el de Pepo en Tobarra, el del Paseo en Caudete, el del jardin de los Reyes Católicos en Almansa o el de la Nieves en Chinchilla...

Memorias agradecidas entre la cuadrilla de los kiosqueros supervivientes, para aquellos que somos y esperamos cada mañana que se abra el día y la calle como si fueran, sus queridos kioskos, parte de nuestro propio mobiliario.

 
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