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A un álamo viejo

La firma de opinión del catedrático de la UCLM, investigador y director del Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, Pablo Ferrandis

A un álamo viejo

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Albacete

Hay frente a la casa de mi pueblo un álamo enorme, de unos veinticinco metros de altura. Para que se hagan una idea, como un edificio de ocho plantas. Desde el punto de vista botánico no tiene un valor especial, pues se trata de un álamo negro del Canadá, un grupo muy variado de árboles híbridos no nativos, utilizado en cultivo forestal para la producción de madera, que, aunque de baja calidad, tiene un crecimiento rápido y recto. Se usa para la fabricación de contrachapados, embalajes o pasta de papel.

Mi querido árbol crece en el fondo de una rambla por donde antaño corría el agua. Supongo que tan grande tamaño permite que sus raíces alcancen alguna beta profunda de agua subterránea y mantener así su buena lozanía, a pesar de su edad, que los mayores de la aldea ya lo recordaban como un ejemplar hecho y derecho.

Para mí es pura maravilla observarlo desde la terraza de la casa. No solo por su porte impresionante, una columna colosal de verdor tupido, sino por todo el trasiego biológico que congrega este gigante. Les cuento. A su tronco acude incesantemente el pico picapinos, que con el verde de las hojas dibuja los colores de Palestina, para trepar en busca de algún insecto, de los que por miríadas deben cobijarse en los resquicios de la corteza, y a ratos ofrecer su poderoso recital de tamborileo.

En primavera y verano cría la pareja de oropéndolas, de plumas amarillas, que sobre las negras resaltan como el oro, y de silbo aflautado hasta el hechizo. En el extremo puntiseco de alguna rama vieja se posan por un instante, alegres, los jilgueros, piquituertos, pinzones, herrerillos, golondrinas y otros mil pintados pajarillos que dan al monte su canción. No es raro tampoco ver alguna ardilla saltando de rama en rama, con la misma facilidad con la que nosotros caminamos. Por las noches de estío, entre sus ramas, monta guardia el pequeño autillo, que no pierde el perfecto compás de su canto nocturno.

También se pasea por allí el mochuelo, con su grito parrandero, y al pie del álamo, el jabalí, al que no veo en la oscuridad, pero escucho hozar el suelo y masticar raíces. De vez en cuando, además, pasa algún zorro, que se anuncia en la noche con su alarido espectral. Al pie del álamo se acumula la hojarasca y el humus en buen tomo, donde con solo escarbar un poco, uno se encuentra con los detritívoros, tan discretos como necesarios: lombrices, escarabajos, pececillos de plata, tijeretas, cochinillas… Y sus depredadores: la escolopendra, arañas y la culebrilla ciega. Sobre este suelo orgánico construye su espectacular nido, la hormiga roja, corren pequeños roedores y musarañas, repta la culebra de herradura, crecen las zarzas, el jazmín moro y los escaramujos y medran a sus anchas los hongos.

Los árboles grandes y añejos despiertan nuestra admiración. Sobre todo, cuando se trata de especies autóctonas, propias de nuestro territorio, pues han convivido con nuestros pueblos y nuestra cultura durante cientos, incluso miles de años. Se convierten así en una suerte de tótems identitarios. En Albacete tenemos buenos ejemplos: el tejo de los Viboreros en el Calar del Mundo, la carrasca de la Señorita en Higueruela, el olmo de Cantoblanco, o el pino de Juan Molinera en Abengibre, que fue árbol del año en España y quedó tercero en Europa en 2024.

En todos los lugares del mundo, los árboles singulares han inspirado creencias, tradiciones y arte. Ya lo dijo el poeta: “Tú que sabes los secretos de mis amores tronchados/y sabes lo que es llorar/pino viejo/un consejo/para el mal de amor”.

Este valor cultural es del todo lógico, por cuanta historia han recorrido junto a nosotros estos ejemplares, y la Administración regional hará bien en culminar la implementación del Inventario de Árboles y Ejemplares Singulares, creado en 2023. Pero no olvidemos otra cosa de extrema importancia también: toda la vida que genera y sustenta a su alrededor un árbol viejo. Aunque se trate de un humilde álamo exótico, recién llegado a nuestra historia. La dimensión ecológica de estos gigantes es tan enorme como la cultural.

Atentamente les saluda, Pablo de Passo.

Pablo Ferrandis

Pablo Ferrandis

Pablo Ferrandis Gotor (Albacete, 1966) es Catedrático en la Universidad de Castilla-La Mancha. Licenciado...

 

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