'2026, SIGLO XIX', la firma de María José Aguilar


Albacete
En estos días de luces, listas de regalos y consumo excesivo en que el cariño pareciera que se mide en paquetes envueltos, me hubiera gustado dedicar este espacio de opinión a reflexionar y reconectar con lo que realmente sustenta nuestras vidas durante todo el año: el respeto, la empatía, la solidaridad, la honestidad y el cuidado de los demás. Esas cosas, tan importantes como olvidadas, que son las que han posibilitado durante milenios que como especie humana hayamos llegado hasta hoy.
Pero a pocos días de iniciarse el segundo cuarto de este siglo XXI, constatamos que viviremos en el mismo mundo del siglo XIX. Y no es una metáfora, es la realidad. El orden internacional basado en reglas, que es la doctrina que Estados Unidos impuso al final de la segunda guerra mundial para eludir a conveniencia el derecho internacional y humanitario, ha sido violado por los propios Estados Unidos el pasado sábado: El bombardeo de puntos estratégicos de Venezuela y el secuestro del presidente y su esposa, muestra -en este inicio de 2026, con toda su crudeza- que para Estados Unidos no hay más reglas que la ley del más fuerte.
El genocidio de Gaza fue el verdadero parteaguas de la historia, el que marca el antes y el después. El que nos retrotrae al siglo XIX del imperialismo colonial y guerras que el derecho internacional, ahora volado por los aires, trataba de impedir o regular.
Lo ocurrido en Venezuela y las declaraciones posteriores de Trump marcan el giro hacia la intervención directa y por la fuerza como mecanismo de reordenamiento regional. Se trata de un colonialismo sin eufemismos: Trump ha dicho literalmente que las grandes petroleras estadounidenses entrarán a “arreglar” Venezuela y a “generar ingresos”. Es decir, saqueo y un país reducido a yacimiento estratégico. La vieja doctrina Monroe del siglo XIX, pero ahora en el siglo XXI a cara descubierta. No es libertad ni democracia (palabra que Trump no pronunció ni una vez, a diferencia de petróleo que mencionó más de 30 veces en pocos minutos). Es dominación, pillaje y crueldad normalizada y legitimada. También por una Europa esbirra, cobarde, insignificante y sumisa, y por unas derechas cipayas, traidoras y vende patrias, ya sea que tengan pasaporte venezolano o español. Que hasta en eso damos vergüenza.
La disputa no es por un gobierno sino por la soberanía, los recursos y la capacidad de los pueblos de decidir su propio destino en un mundo en descomposición. Hoy es Venezuela como ayer fue Gaza. Mañana será Groenlandia (que es parte de un país de la Unión Europea) o Canadá. Y cualquiera que no se pliegue a los intereses del imperio.
Ya está bien de tanta sumisión, que a los matones no se les frena dándoles la razón o mirando hacia otro lado, como hace una Europa que justifica lo injustificable y abandona el derecho internacional.
Por eso los regalos que los magos de oriente deberían traernos esta noche son tres: valor para cambiar; compromiso personal y social para construir un futuro menos injusto, menos inhumano y menos insostenible; y esperanza para seguir creyendo que juntos, podemos construir un mundo algo mejor.




